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sábado, 2 de abril de 2016

Manifiesto del PP en el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo

Vía Web del PP

En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, el Partido Popular quiere manifestar su compromiso y apoyo a las personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y a sus familias, en su lucha por la promoción y reivindicación del ejercicio efectivo de sus derechos, con el fin de mejorar su calidad de vida y conseguir la igualdad de oportunidades.

Artículo de Psicología: Personas con autismo: 'Inclusión, tolerancia, respeto'

Por Beatriz Camacho

El Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, cada 2 de abril, es una gran oportunidad para celebrar los avances logrados en este tipo de trastorno y reivindicar todo lo que nos falta por conseguir. 

Hoy en día ya son muchas personas las que saben qué son los Trastornos del Espectro Autista (TEA), pero muy pocas entienden realmente lo que es vivir con dicho trastorno y esto provoca barreras actitudinales y falta de apoyos que impiden o dificultan la integración de las personas con autismo en la sociedad.

jueves, 2 de abril de 2015

Día Mundial del Autismo

Por Raquel Márquez

Hoy, en el día mundial de la concienciación sobre el autismo, queremos acercarnos un poco más a esta enfermedad y tratar de explicar de forma sencilla en qué consiste, por qué ocurre y cómo tratar con ella, de forma que personas que no tienen contacto con ella directo lleguen a comprenderla. Con este artículo os ofrezco una información, básica pero completa, para que adquiráis una idea general sobre esta enfermedad y podáis saber cómo reconocer un posible caso de autismo, si algún día os fuera necesario.


¿Qué es el autismo?
Es un trastorno del desarrollo que se caracteriza por la presencia problemas en la comunicación, la interacción social y la conducta durante el desarrollo del niño. Tiende a afectar más niños que niñas.

martes, 31 de marzo de 2015

Día Mundial Contra el Cáncer de Colon

Por Beatriz Camacho

Cada 31 de marzo se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer de Colon. Este año 2015, la campaña de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), conocida como “Yo puedo salvarte la vida”, tiene como objetivo concienciar sobre la necesidad de formar parte del programa de detección precoz e informar a la sociedad sobre la importancia de este tipo de cáncer.




sábado, 21 de marzo de 2015

Día Mundial del Síndrome de Down

Por Beatriz Camacho

Cada 21 de marzo se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down, con motivo de aumentar la conciencia pública sobre esta cuestión y recordar la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades. También pretende resaltar la importancia de su autonomía e independencia individual y, en particular, la libertad de tomar sus propias decisiones. Al igual que reivindicar a estas personas como testimonios de superación continua. El acceso adecuado a la atención sanitaria, a los programas de intervención temprana y a la enseñanza inclusiva, al igual que la investigación adecuada, son vitales para el crecimiento y el desarrollo de estas personas. En 2015 se celebra el 10º aniversario del Día Mundial del Síndrome de Down bajo el tema “Mis oportunidades, mis opciones. Disfrutar de plena igualdad de derechos y el papel de las familias”.

Hoy por hoy, el Síndrome de Down es uno de los defectos congénitos más comunes: unas cinco millones de personas en el mundo lo padecen y se estima que uno de cada 700 niños nace con esta discapacidad, pero el riesgo varía con la edad de la madre. La incidencia en madres de 15-29 años es de uno por cada 1500 nacidos; en madres de 30-34 años es de uno por cada 800; en madres de 35-39 años es de uno por cada 385; en madres de 40-44 años es de uno por cada 106 y en madres de 45 años es de uno por cada 30.

Qué es el Síndrome de Down

El síndrome de Down tiene una causa biológica, es un trastorno genético causado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21, en vez de los dos habituales, y por eso también se conoce como trisomía del par 21. Es la causa más frecuente de discapacidad cognitiva psíquica congénita y debe su nombre a John Langdon Down, el primero en describir las características de esta alteración genética en 1866. Si bien nunca llegó a descubrir las causas que la producían y no fue hasta 1958 cuando Jérôme Lejeune descubrió que es una alteración en el mencionado par de cromosomas.

Si bien tiene diagnóstico temprano, no posee cura ni existen formas de prevenirlo. Este síndrome se caracteriza por la presencia de un grado variable de discapacidad cognitiva e intelectual y algunos problemas de salud asociados al síndrome como deficiencia cardíaca o problemas en la visión, entre otros. El nivel de gravedad de estos problemas dependerá del grado de discapacidad que presente la persona. El síndrome de Down es una combinación cromosómica natural que siempre ha formado parte de la condición humana. Existe en todas las regiones del mundo y habitualmente tiene efectos variables en los estilos de aprendizaje, las características físicas o la salud.

Características psicológicas del Síndrome de Down

Es frecuente creer que las personas con síndrome de Down tienen unas peculiaridades comunes que las diferencian de los demás. El propio John Langdon Down observó su “facilidad para el humor imitativo y la mímica” y los definió “con aptitudes musicales y obstinados”. Su aspecto físico también invita a encasillarlos en un grupo homogéneo, a pesar de que la variabilidad existente entre ellos es igual, o incluso mayor, que la que se da en la población general. Presuponer unos rasgos propios y exclusivos de las personas con síndrome de Down contrae dos peligros: 
  • El efecto inmediato de etiquetaje o generalización. Cualquier persona con síndrome de Down ya tiene esos atributos, creando un prejuicio difícil de superar. 
  • Las expectativas que creamos respecto a sus posibilidades futuras, limitando sus opciones.
No obstante, sí que se dan algunos aspectos comunes en su forma de ser y de actuar. Si bien conviene insistir en que estas características no se dan siempre, ni en todas las personas con síndrome de Down, sino que pueden surgir en distintas proporciones.

1. Carácter y personalidad: Existen muchos estereotipos y mitos sobre su personalidad. Se les supone obstinados, afectuosos, fáciles de tratar, cariñosos, sociables, con buen humor, amables, tozudos, con capacidad para la imitación, alegres, obedientes y sumisos. Pero no tiene por qué ser siempre así. Estas generalizaciones perjudiciales pueden confundir y determinar las expectativas sobre ellos. En realidad, existe una gran variedad de temperamentos, tan amplia como la de la población general. No obstante, existen unas formas de actuar que se dan con mayor frecuencia entre estas personas y que podríamos definir como características generales de su personalidad:
  • Escasa iniciativa. Reducidas posibilidades de actuación y baja tendencia a la exploración. Necesitamos favorecer su participación en actividades sociales, animándoles e insistiéndoles, porque no suelen hacerlo por propia voluntad.
  • Menor capacidad para inhibir su conducta. Por ejemplo, sus manifestaciones de afecto, en ocasiones, son excesivamente efusivas. Se les debe de proporcionar control externo, como instrucciones o instigación física, que poco a poco se convertirá en autocontrol.
  • Tendencia a la persistencia de las conductas y resistencia al cambio. Les cuesta cambiar de actividad o iniciar nuevas y pueden parecer “tercos y obstinados”. También se les atribuye falta de constancia, sobre todo en actividades que no les interesan. Es recomendable acostumbrarles a cambiar de actividad periódicamente, para facilitarles su adaptación a un entorno social en continua transformación.
  • Baja capacidad de respuesta y de reacción frente al ambiente. Responden con menor intensidad ante los acontecimientos externos, simulando desinterés ante lo nuevo, pasividad y apatía. Además, tienen menos capacidad para interpretar y analizar los sucesos externos.
  • Constancia, tenacidad, puntualidad. De adultos, una vez incorporados al mundo laboral, son trabajadores constantes y tenaces, puntuales y responsables, y realizan las tareas con cuidado y perfección.
2. Motricidad: Físicamente suelen tener cierta torpeza motora, tanto gruesa (brazos y piernas) como fina (coordinación ojo-mano). Presentan lentitud en sus realizaciones motrices y mala coordinación en muchos casos. Los bebés se han de incorporar lo antes posible en programas de atención temprana y con fisioterapia presente. Es bueno que practiquen diversos deportes y actividades físicas adaptados a las peculiaridades biológicas de cada uno. Caminar y nadar son dos ejercicios recomendables para la mayor parte de las personas con síndrome de Down.

3. Atención: Existen alteraciones en los mecanismos cerebrales que intervienen a la hora de cambiar de objeto de atención. Por eso suelen tener dificultad para mantener la atención durante mucho tiempo y facilidad para distraerse ante estímulos diversos y novedosos. Por otro lado, la demora en responder es común porque tardan más en procesar la información.

4. Percepción: Procesan mejor la información visual que la auditiva y por eso responden mejor a la primera. Además, su umbral de respuesta general ante estímulos es más elevado que en la población general, incluido un umbral más alto de percepción del dolor. 


5. Aspectos cognitivos: Existe lentitud para procesar y codificar la información y dificultad para interpretarla, elaborarla y responder con decisiones adecuadas. Por eso les resultan costosos, en mayor o menor grado, los procesos de conceptualización, abstracción, generalización y transferencia de los aprendizajes. También les cuesta planificar estrategias para resolver problemas y atender a diferentes variables a la vez. Otros aspectos cognitivos afectados son la desorientación espacial y temporal y los problemas con el cálculo aritmético, en especial el cálculo mental.

6. Inteligencia: El síndrome de Down siempre se acompaña de deficiencia intelectual. Pero el grado de ésta no se puede determinar por la presencia de otros rasgos, ni siquiera por la incomprensibilidad de su lenguaje. En las pruebas de inteligencia, la mayoría de estas personas obtienen un nivel intelectual de deficiencia ligera o moderada. Hoy en día, un alto porcentaje lee de forma comprensiva, si se utilizan programas educativos adecuados, y alcanza niveles de formación más elevados. La mayoría se maneja en el terreno de la inteligencia concreta, por lo que la diferencia intelectual se nota más en la adolescencia, cuando otros jóvenes de su edad pasan a la fase del pensamiento formal abstracto. Por otro lado, obtienen mejores resultados en las pruebas manipulativas que en las verbales. Respecto a los tests de inteligencia, es preferible hablar de edades mentales, antes que de C.I., para poder recoger las mejoras producidas en su capacidad intelectual con entrenamiento apropiado, incluso en la etapa adulta.


7. Memoria: Tienen dificultades para retener información, por limitaciones al recibirla y procesarla (memoria a corto plazo), y al consolidarla y recuperarla (memoria a largo plazo). Si bien tienen la memoria procedimental y operativa bien desarrollada y pueden realizar tareas secuenciadas con precisión. También tienen carencias significativas con la memoria explícita o declarativa, por eso pueden realizar conductas complejas que son incapaces de explicar o describir. Por otro lado, su capacidad de captación y retención de información visual es mayor que la auditiva. La mayoría es capaz de repetir entre 3 y 4 dígitos tras escucharlos y al verlos el margen está entre 3 y 5 elementos. Su mayor limitación radica en no saber utilizar o desarrollar estrategias espontáneas para mejorar su capacidad memorística, probablemente por falta de adiestramiento.

8. Lenguaje: El nivel lingüístico va claramente por detrás de la capacidad social y de la inteligencia general. Estas personas presentan un retraso significativo en la emergencia del lenguaje y de las habilidades lingüísticas, aunque con una gran variabilidad de unas personas a otras. Les es difícil dar respuestas verbales, dando mejor respuestas motoras: les es más fácil hacer que explicar lo que hacen o lo que deben hacer. Exhiben dificultades para captar la información hablada y tienen, con diferencia, mejor nivel de lenguaje comprensivo que expresivo. Les cuesta transmitir sus ideas y, a menudo, saben qué decir pero no encuentran cómo expresarlo. De ahí que se apoyen en gestos y onomatopeyas cuando no son comprendidos. Sus dificultades conllevan con frecuencia respuestas estereotipadas como “no sé” o “no me acuerdo”.

9. Sociabilidad: Aunque tradicionalmente se consideraba a las personas con síndrome de Down muy “cariñosas”, lo cierto es que, sin una intervención sistemática, su nivel de interacción social espontánea es bajo. Si bien en conjunto alcanzan un buen grado de adaptación social, y ofrecen una imagen social más favorable que personas con otras deficiencias. Suelen mostrarse colaboradores, afables, afectuosos y sociables. Por ello, la inmensa mayoría de los niños pequeños con síndrome de Down pueden incorporarse sin ninguna dificultad a los centros de integración escolar. En su juventud, si se ha realizado un enseñamiento sistemático, participan con normalidad en actos sociales y recreativos, como cine, teatro y acontecimientos deportivos, y utilizan los transportes urbanos, se desplazan por la ciudad y compran en establecimientos de forma autónoma.

Intervención en el Síndrome de Down 


Debe quedar claro que el Síndrome de Down no es una enfermedad sino una condición y, por tanto, no necesita ningún tratamiento médico propiamente dicho sino la intervención de profesionales especializados en el tema para fomentar un desarrollo adecuado, más allá de los problemas de salud que pueda acarrear. Esta condición ha sido vista como un impedimento para que estos individuos se integren exitosamente en la sociedad. Lo cual es falso y está alejado de la realidad. Pueden tener rasgos físicos diferentes, pero son inteligentes, capaces, creativos, soñadores y, muchas veces, hasta autónomos.

La intervención ambiental produce mejoras observables incluso en una discapacidad con una carga genética tan esencial como es el síndrome de Down. En tono muscular, nivel intelectual, memoria o lenguaje se han logrado avances impensables hace años. La intervención educativa bien programada y sistemáticamente realizada produce resultados y es eficaz. Hay que potenciar las capacidades y habilidades que faciliten su incorporación a la sociedad, al igual que corregir las que les limiten ese acceso. Es esencial fomentar una conducta adecuada a la edad para tener éxito en sus interacciones sociales, en la familia, en el entorno y en el colegio.

En cuanto al ejercicio físico, es beneficioso estudiar previamente sus características físicas, su salud y el riesgo que pueda suponer realizar un determinado ejercicio, ya que el deporte les proporciona la forma física y la resistencia que necesitan para realizar debidamente sus labores cotidianas y les ayuda a mejorar su estado de salud y a controlar su tendencia al sobrepeso. También conviene presentarles actividades variadas y amenas que favorezcan mantener la atención en lo que hacen. En etapa escolar es imprescindible programar ejercicios que aumenten su atención poco a poco, primero un minuto, luego dos y así sucesivamente, o realizar varias actividades cortas en vez de una larga. Mirarles atentamente cuando se les habla, comprobar que atienden, eliminar estímulos distractores, presentarles los estímulos de uno en uno y evitar enviarles diferentes mensajes al mismo tiempo son muy buenas estrategias.

Si no nos responden puede ser que no nos han oído o que otras cosas están distrayéndoles, por lo que será preciso darles una estimulación más intensa. Por ejemplo, es mejor facilitar información de forma visual y auditiva al mismo tiempo, e incluso a través del tacto, dejándoles tocar, manipular y manejar los objetos. En el campo educativo, el aprendizaje por observación, la práctica y las actividades con objetos e imágenes son muy adecuadas y para favorecer el aprendizaje conviene que las indicaciones verbales vayan seguidas de imágenes, dibujos, gestos, modelos e incluso objetos reales.

El trato diario con personas con síndrome de Down y el ritmo habitual de la vida cotidiana pueden hacer que, en ocasiones, olvidemos que tienen deficiencia mental. Es necesario hablarles despacio, usando mensajes breves, concisos, directos y sin doble sentido. Si la primera vez no nos entienden, daremos las indicaciones con expresiones más sencillas o diferentes. Precisan más tiempo que otros para responder y esperaremos los segundos que necesiten. Les costará entender varias instrucciones dadas de forma secuencial y van a ser poco flexibles en sus actuaciones.

Existen dos peculiaridades que pueden confundir a quien no esté acostumbrado a relacionarse con personas con síndrome de Down. En ocasiones son incapaces de hacer una determinada actividad cuando pueden hacer otra aparentemente más compleja. Al igual que les cuesta entender las ironías y los chistes y suelen tomarlos al pie de la letra y responder con una seriedad insólita. Tenemos que explicarles hasta las cosas más evidentes, y no dar por hecho que saben algo si no nos lo demuestran. Además, lo que aprenden en un contexto, no lo generalizan automáticamente a otras situaciones. Mediante mucho entrenamiento práctico, en circunstancias diferentes, trabajaremos para llegar a la abstracción y la generalización. Aun así conviene destacar el aumento en más de 20 puntos de su media del C.I. en los últimos 25 años.

En cuanto a su capacidad memorística, se recomienda un entrenamiento sistemático desde la etapa infantil, que puede incluir recoger recados e instrucciones, coger el teléfono o contar lo que han hecho en casa y en el colegio. También son de gran utilidad los ejercicios de memoria visual y auditiva a corto y largo plazo, el estudio sistemático o las lecturas comprensivas y memorísticas y enseñarles estrategias como la agrupación de objetos por categorías para retener la información.

La labor del entorno familiar en el desarrollo del lenguaje desde las primeras edades es fundamental. En la etapa escolar, se recomienda que el lenguaje se trabaje individualmente con especialistas en audición y lenguaje. Algunos objetivos son: mejorar su pronunciación y articulación haciéndolas más comprensibles, aumentar la longitud de sus frases, enriquecer su vocabulario o favorecer la comunicación espontánea. Además, en clase es conveniente usar lo menos posible exposiciones orales y largas explicaciones, ya que no favorece el aprendizaje de los alumnos con síndrome de Down. Básicamente se aprende a hablar conversando y, en el trato cotidiano, hablarles y escucharles son las mejores estrategias, intentando frenar la tendencia a corregirles insistentemente. La lectura y la escritura favorecen mucho el desarrollo de su lenguaje y se recomienda su introducción en edades tempranas. 

Mi hijo tiene Síndrome de Down, ¿qué hago?

Descubrir que nuestro hijo sufre Síndrome de Down no es fácil de digerir para cualquiera. Por eso es esencial informarnos acerca del tema para comprender mejor todo lo que implica este síndrome y así actuar en consecuencia. No dudemos en hablar con profesionales ni con otros padres en la misma situación, porque sabrán orientarnos con su experiencia. También es bueno involucrar a la familia cercana para fomentar un entorno confortable para el pequeño y así fortalecer los vínculos y las relaciones familiares. El niño con síndrome de Down necesita cuidados especiales y sentir un fuerte apego a los progenitores. No dudemos en demostrarle amor y transmitirle tranquilidad.

Expertos aseguran que hay que tratarlos igual que al resto de los niños de su edad. No tenemos por qué descartar la idea de llevarlo a una escuela normal, si en dicho centro disponen de mecanismos de apoyo para el aprendizaje de niños con discapacidad, pues en el colegio se apoyará en sus compañeros y aprenderá mejor que en un centro específico para niños con síndrome de Down. Aunque su aprendizaje sea difícil, existen casos que han aprendido a valerse por sí mismos a raíz de educarse con niños de su edad que no tienen ninguna deficiencia.

Un aspecto importante es visitar al médico para controlar los problemas de salud asociados al síndrome de Down e intervenir tempranamente. Además, existen servicios especializados para el cuidado de niños con síndrome de down y las asociaciones específicas en este síndrome aportan terapeutas y médicos para ayudar a las familias al cuidado y la educación de los pequeños.

Otro aspecto fundamental es estimular a nuestro hijo en todas las actividades posibles, como asistir a una entidad deportiva, realizar manualidades o promover actividades con sus compañeros. También es valioso reforzar su autoestima y su sentimiento de seguridad, para que tenga confianza en sí mismo, y fomentar su independencia. Es importante que tomen ciertas decisiones, al igual que el resto de los niños, acerca de determinadas situaciones, como qué ropa ponerse o qué película ver. Al igual que podemos compensar las demoras al aprender a hablar de nuestro hijo enseñándole el lenguaje básico de señas, a base de repetir gestos y movimientos, para favorecer una buena comunicación. También mejorará si nos situamos frente a él y establecemos contacto visual directo, si usamos frases cortas acompañadas con gestos que ilustren lo que queremos decir y si le pedimos que vaya repitiendo lo que le explicamos.


domingo, 8 de marzo de 2015

8 de Marzo: Dia Internacional de la Mujer

Por Beatriz Camacho

El día 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, también conocido como Día Internacional de la Mujer. Este día conmemora la lucha de la mujer por su igualdad con el hombre dentro de la sociedad y su desarrollo íntegro como persona. El lema de 2015 es “Empoderando a las Mujeres, empoderando a la Humanidad: ¡Imagínalo!” y recrea un mundo en el que cada mujer puede escoger sus propias decisiones: participar en política, educarse, vivir en sociedades sin violencia ni discriminación…

Hace mucho tiempo que comenzó la lucha contra la desigualdad de la mujer. Varios documentos apuntan a que esta reivindicación surgió en pleno siglo XIX, durante la Revolución Industrial y el auge del movimiento obrero. Pero ya existen indicios en la antigua Grecia, tal y como refleja Aristógenes en su obra Lisístrata, donde la protagonista, para poner fin a la guerra, se rebela contra los hombres iniciando una huelga sexual. A pesar de todas estas teorías, ya las parisinas, en la Revolución Francesa, se unieron bajo el grito de “Igualdad, Legalidad y Fraternidad” para iniciar una marcha hasta Versalles reclamando el sufragio femenino, aunque no fue hasta el siglo XX cuando se comenzaron a apreciar los primeros cambios.

En 1911 tuvo lugar el primer Día Internacional de la Mujer, con una participación de más de un millón de mujeres ansiosas por reivindicar públicamente lo que por naturaleza les correspondía:

  • · El derecho a voto.
  • · El derecho a la ocupación de cargos públicos.
  • · El derecho a la formación profesional.
  • · El derecho al trabajo y a la no discriminación por el mero hecho de ser mujer.
La mujer trabajadora en épocas anteriores
Si hay algo que las mujeres tienen que reprochar a la historia es que nunca se les ha valorado como realmente merecían. El rol otorgado socialmente durante muchas décadas a la mujer era el de ama de casa que lograba su felicidad y realización personal cuando su familia era feliz. Estas mujeres esperaban el regreso de sus maridos, tras largas jornadas laborales, con la comida caliente y en la mesa y con los niños bañados, arreglados y la casa brillante. Sus sueños, sus anhelos y sus proyectos se postergaban por los de la familia, lo que las recluía a la simple vida hogareña. 

El modelo dominante patriarcal determinaba que la mujer pertenecía al ámbito privado y doméstico, mientras el hombre estaba en el ámbito público y laboral. Por tanto, no sólo no se apreciaba el trabajo de la mujer, sino que en muchos casos ni siquiera estaban autorizadas para realizar según qué oficios. Un claro ejemplo son las mujeres inventoras de épocas anteriores que nos dejaron inventos necesarios hoy en día y, sin embargo, se sabe poco sobre ellas.

  • · Josephine Cochrane, nieta de John Fitch, el inventor del barco de vapor, creó el lavavajillas. 
  • · Mary Anderson inventó los limpiaparabrisas.
  • · Sarah Mather patentó el periscopio.
  • · Stephanie Kwolek inventó el Kevlar, imprescindible en los chalecos antibalas.
  • · Mary Phelps Jacob creó el sostén y patentó el Backless Brassiere, conocido hoy en día como Bra.
  • · Tabita Babbitt creó la sierra circular.
  • · Marion Donovan inventó los pañales desechables.
  • · Hedy Lamarr, junto a George Antheil, creó las comunicaciones inalámbricas que darían lugar a la conexión Wifi.
  • · Margaret Knight inventó una máquina para hacer bolsas de papel.

También hay que mencionar al mundo del arte, donde hoy en día todavía vemos que tanto la fama como el valor de las artistas femeninas siguen permaneciendo en un segundo plano. Algunos estudios aseguran que los trabajos de las artistas más cotizadas tienen un valor hasta 10 veces menor que los de sus colegas varones. Veamos algunas artistas importantes a lo largo de la historia:
  • · Artemisa Gentileschi (1593-1656): pintora italiana del Barroco, hija del famoso pintor Orazio Gentileschi. Perteneció a la escuela de Caravaggio y destacó por su gran talento con su técnica del dramático claroscuro en retratos y pinturas con heroínas bíblicas como protagonistas. Fue la primera mujer en ingresar en la Accademia del Disegno de Florencia.
  • · Berthe Morisot (1841-1895): primera mujer en unirse al movimiento Impresionista. Fue modelo y amiga de Manet, y estuvo casada con el hermano del artista, Eugène. Tuvo un papel destacado en el desarrollo del Impresionismo francés y expuso junto a artistas de la talla de Degas, Renoir, Monet. Se le considera la mujer artista mejor valorada del mundo del arte
  • · Beatrix Potter (1866-1943): escritora e ilustradora conocida por sus Cuentos Completos. Se convirtió en una intelectual especializada en naturaleza e hizo varios estudios sobre líquenes, hongos y plantas que tuvieron que ser presentados por su tío ante el círculo de investigadores porque a las mujeres no se les permitía. En 1902 publicó su primer cuento ilustrado y tuvo tanto éxito que durante los siguientes 8 años no dejó de escribir historias animadas.
  • · Tamara de Lempicka (1898-1980): pintora rusa y gran exponente de la corriente Art Decó. Consiguió destacar por ser la retratista más importante del estilo Art Decó. 
  • · Louise Bourgeois (1911-2010): escultora francesa-norteamericana considerada una de las artistas más importantes del arte contemporáneo. Su obra Araña se considera una de las más valoradas en el mundo del arte femenino.
  • · Yayoi Kusama (1929): artista y escritora japonesa que trabaja varios medios como la pintura, la escritura, el collage, la escultura o el arte performance utilizando como estilo unánime en todos ellos la psicodelia, la repetición y los patrones, todo ello fusionado en una obra autobiográfica, psicológica y sexual. Sus obras son de las más cotizadas a nivel mundial y, siendo mujer, se encuentra en el puesto número 34 del ránking de artistas mejor valorados en el mundo. En 2008, la casa de apuestas Christie's vendió en Nueva York, una obra de la artista por 5,1 millones de dólares, un récord para ser una artista femenina viva.
Situación actual de la mujer trabajadora en España
En España, las mujeres que han encontrado o han mantenido un empleo durante la crisis económica, lo han hecho en sectores tradicionalmente ocupados por mujeres (comercio, hostelería y cuidado del hogar y de personas), con una menor productividad y salarios más bajos. El 68% de los españoles (ellos y ellas) piensa que las situaciones de discriminación de las mujeres se dan con mucha o bastante frecuencia, frente a un 30% que opina que prácticamente no pasa. Cuando se debate quién tiene una vida más dura y difícil, el 72% opina que las mujeres. Solo el 9% dice que los hombres y un 18% menciona que ambos por igual.

A pesar de que tenemos más mujeres con estudios superiores entre la población de jóvenes de 25 a 34 años de edad, los hombres obtienen más trabajos con ese nivel de titulación. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recalca que esta diferencia entre preparación académica y empleo está estrechamente relacionada con la escasez de servicios para atender a los hijos o las diferencias habituales de salarios entre hombres y mujeres. En general, según la OCDE, solo el 66% de las mujeres están empleadas en comparación con el 80% de los hombres.

El estudio realizado por INFORMA D&B (Grupo CESCE) muestra que solo el 26% de las empresas españolas cumple la Ley de Igualdad y cuenta con más de un 40% de representación femenina en sus Consejos de Administración. La proporción de mujeres disminuye cuando aumenta el tamaño de las empresas: las micro y pequeñas empresas cumplen la Ley de Igualdad más que las medianas y grandes. Según Nathalie Gianese, Directora de Estudios de INFORMA D&B, “las mujeres, a pesar de conseguir más títulos académicos que los hombres, solo ocupan el 19% de los cargos funcionales en las empresas objeto del estudio, y el 68% no tiene ninguna presencia femenina en sus puestos directivos”. 

Los datos de la Comisión Europea sobre la presencia de mujeres en los Consejos y puestos ejecutivos de las empresas más grandes cotizadas de los países de la UE, muestran que España está por debajo de la media europea (20%) con un 17%. Sin embargo, nuestro país supera la media del 7% de mujeres presidentes en este tipo de empresas con un 9%. Las tasas más altas de empresas con más de un 40% de mujeres en su consejo se dan en Asturias (29%), Galicia (29%) y Madrid (28%) y los porcentajes más bajos se encuentran en Melilla (18%), Ceuta (19%) y Extremadura (21%). Por sectores, Educación (41%) y Sanidad (40%) arrojan un mayor cumplimiento mientras que Energía (17%) y Comunicaciones e Industrias extractivas (19%) son los que menos. La evolución del número de mujeres consejeras en las empresas del IBEX es positiva desde 2005, pasando al 16% de representación femenina, aunque está lejos del 40% recomendado por la Ley de Igualdad. En el caso de las empresas participadas por el Estado, la presencia femenina lleva dos años de retroceso, del 33% de 2013 al 29% actual, si bien se incrementa desde el 25% del 2008.

Cabe destacar que el 68% de las sociedades no cuenta con ninguna mujer en puestos directivos. En cambio, solo un 9% de las empresas no tienen hombres entre sus directivos. Entre las empresas obligadas por el Plan de Igualdad el porcentaje que no tiene mujeres directivas baja al 53%. Encontramos más féminas en las direcciones de Calidad (38%), Publicidad (34%) y Marketing (33%), mientras que las direcciones Generales (11%), Técnicas (11%) y de Producción (9%) son las que menos incorporan. Además, de las 65.232 sociedades españolas que cuentan con un presidente, se trata de una mujer en el 16% de los casos y la proporción disminuye en las empresas obligadas por la Ley de Igualdad o las de más de 250 empleados, en las que es del 10%.

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) reclama un cambio de ideas preconcebidas o tópicos sobre la mujer para lograr una igualdad efectiva y conseguir la conciliación de la vida laboral, personal y familiar de “manera real”. Los roles han cambiado y la mujer tiene tanto derecho como el hombre a realizarse profesionalmente, sin sentirse culpable ni presionada, ni verse obligada a realizar una doble jornada en su trabajo y en su casa. El “nuevo rol” de la mujer dentro del campo laboral incentiva que los hombres se ocupen de labores del hogar mediante asignación de tareas.

La tarea en el hogar ha de ser una labor compartida y corresponsable en igualdad de condiciones por la pareja. Sin embargo, todavía hay quienes no consideran el trabajo doméstico como propiamente un trabajo, sino como una “obligación” que tiene la mujer. Italia y España son los países con mayor desigualdad: las mujeres emplean entre 4 y 5 horas diarias a tareas domésticas mientras que los hombres usan poco más de 1 hora a estas actividades. Reino Unido, Noruega y Dinamarca son, respectivamente, los países con mayor equidad doméstica.


Hay una clara asociación entre la participación del hombre en las tareas domésticas y la actividad laboral de las mujeres. Italia y España, los países donde un menor porcentaje de mujeres participa en el mercado laboral, son los países con menor nivel de igualdad en el reparto de las labores del hogar. Además, las familias españolas reciben ayudas insuficientes para conciliar la vida laboral y familiar, lo que repercute en la pérdida de empleo de muchas mujeres tras la maternidad o en la reducción de sus trabajos a jornadas de tiempo parcial. 


España exhibe niveles muy elevados de desigualdad de género en el trabajo doméstico, y muy superiores a la media europea. Parte de este problema reside, como en todos los países, en la persistencia de valores patriarcales en la vida cotidiana. La creación de políticas públicas que fomenten la participación laboral y la conciliación de la vida familiar y laboral son una herramienta clave para generar igualdad de género.

Comisiones Obreras (CC.OO.) denuncia la persistencia de las “brechas de género”, así como la permanencia de, “en muchas ocasiones, ocultos y latentes obstáculos específicos para las mujeres en todos los ámbitos de la vida”. Critica “una realidad que, si estructuralmente ya era desfavorable para las mujeres, en los últimos años, con la excusa de la crisis y el impacto de políticas gubernamentales y retrocesos legislativos (...) ha empeorado de manera grave”. Pone en valor su trabajo incorporando la transversalidad de género a la negociación colectiva, negociando medidas y planes de igualdad que mejoren el acceso al empleo, la formación, la promoción, la eliminación de la segregación laboral y la discriminación salarial de las mujeres. También subraya las tareas de promover la corresponsabilidad entre mujeres y hombres y favorecer la prevención y erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres, incluido el acoso sexual y el acoso por razón de sexo en el ámbito laboral.

La brecha salarial de género en España
La brecha salarial de género en nuestro país ha tenido un comportamiento extremo durante la crisis. España es, entre los países desarrollados, donde más han crecido las desigualdades entre hombres y mujeres. Hasta el 2010, esta diferencia se redujo de forma abrupta hasta situarse por debajo de la media de la zona euro. Esta evolución se relaciona más con que la crisis se cebó al principio en la construcción y la industria, sectores en los que la inmensa mayoría de los trabajadores son hombres, que con alguna ganancia en la retribución de las mujeres. En la segunda parte de la crisis, los empleos perdidos y el ajuste salarial se concentraron en el sector servicios, donde las mujeres ocupan el 60% de los puestos; porcentaje que sube al 65% si hablamos de los trabajos administrativos más básicos. De esta forma, la diferencia salarial escaló del 16,2% al 19,3% en solo tres años para situarse incluso por encima del nivel previo a la crisis. 

Actualmente la brecha salarial entre hombres y mujeres en España se sitúa en el 24%, la más alta de los últimos cinco años. Desde UGT manifiestan que uno de los principales motivos de este aumento es la ausencia de políticas de igualdad entre mujeres y hombres, así como la falta de vigilancia del cumplimiento de la ley que prohíbe este tipo de discriminación. En este momento, una mujer necesita trabajar once años y medio más que un hombre en un trabajo de igual valor para cobrar una pensión de la misma cantidad. Es más, una mujer debe trabajar 79 días más que un hombre para cobrar lo mismo anualmente porque ellos ganan 6.000 euros al año de media más que ellas.


Si nos fijamos en los datos por comunidades autónomas, Aragón está a la cabeza en desigualdad con una brecha salarial del 29,9%, mientras que Baleares tiene la menor brecha con poco más del 16%. Esto puede deberse a que, en algunas comunidades, las diferencias son menores porque los salarios de los hombres también son más bajos. No obstante, a mayor edad y menor sueldo, más desigual es la remuneración de una trabajadora y su homólogo varón. La brecha es menor entre los 25-34 años (14,7%), pero a partir de ahí se dispara (entre los 35-44 años sube al 22,6%) por la falta de un reparto equitativo de las tareas del hogar, entre otros motivos.

En cuanto a sectores, la brecha es superior a la media en actividades administrativas y servicios (33,21 %), actividades profesionales, científicas y técnicas (31,69 %) y sanitarias y servicios sociales (30,33). Sin embargo, el sector de la educación ha sido el más afectado por las bajadas de salarios y ha triplicado la brecha en los últimos cinco años. Además, los autónomos han denunciado que una trabajadora por cuenta propia cobra 200 euros menos al mes de pensión por jubilación que un hombre, según un estudio de la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores.

En UGT señalan que “no hay ninguna razón objetiva que justifique que a las mujeres se les pague menos que a los hombres por igual jornada e igual trabajo” y lamentan el aumento de la brecha que atribuyen a los recortes salariales y al aumento de los trabajos a tiempo parcial, sobre todo entre las mujeres: España lidera en Europa la brecha salarial en relación con las jornadas de trabajo a tiempo parcial, que se sitúa en el 33,7%. 

El camino que queda por recorrer
Si bien la situación de la mujer ha evolucionado de manera acelerada en las últimas décadas y se han logrado cosas que hace años jamás se contemplarían, todavía vemos que existen objetivos que no se han conseguido. En la actualidad, la discriminación de la mujer en el trabajo, la desigualdad salarial, las trabas a las bajas por maternidad o el desequilibrio en el reparto de las tareas del hogar siguen afectando a muchas trabajadoras. 

Las mujeres se han incorporado al mundo laboral desde la década de 1980, lo que también ha traído consigo algunos problemas que aún tienen por resolverse. La imagen del hombre que llega a casa exhausto tras muchas horas de trabajo, se enfunda las zapatillas y se acomoda en el sofá mientras espera a que su mujer le sirva la cena no es cosa del pasado. No es tan sencillo modificar la mentalidad y, en las sociedades occidentales, aún persisten preconceptos o valores de un machismo que no acaba de asumir que las mujeres puedan ser iguales que los hombres. Muchos varones se sienten decepcionados si su pareja no “cuida” de ellos y muchas mujeres se ven obligadas a “cumplir” con sus tareas para no defraudarlos. 

Como bien subraya el presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, y de ARHOE, José Luis Casero, todavía queda mucho por hacer en el campo de la igualdad de género. “La tibieza en este aspecto, que a menudo detectamos en nuestros gobernantes, fuerzas sociales y en los propios ciudadanos, solo conduce a la perpetuación de un sistema de vida injusto y arbitrario para las mujeres”. Con una reivindicación “valiente y constante” y, sobre todo, con medidas concretas se podrá avanzar hacia un empoderamiento de la mujer.

La mentalidad de un buen número de empresarios de España respecto a la mujer trabajadora sigue anclada en unas ideas “retrógradas”. La capacidad de un trabajador no se mide por el tiempo que se permanece en el puesto de trabajo sino por su efectividad y excelencia en la realización de su tarea. Las empresas que han roto con esas ideas preconcebidas están alcanzando muy buenos resultados en cuanto a productividad y satisfacción e implicación de los trabajadores. Por tanto, la mujer debe ser estricta y saber decir “no” a incumplimientos injustificables de la jornada laboral y reivindicar la conciliación como un derecho.

Es el momento de reflexionar acerca de los avances obtenidos, defender las conquistas de las mujeres, reconocer los desafíos por alcanzar, pedir más cambios y dirigir mayor atención a los derechos de las mujeres y de la igualdad de género para motivar a todos a hacer la parte que les corresponda. Todavía nos queda mucho por recorrer.

lunes, 16 de febrero de 2015

15 de Febrero: Día Internacional del Cáncer Infantil

Por Beatriz Camacho



Cada 15 de febrero se conmemora en todo el mundo el ‘Día Internacional del Niño con Cáncer’ como una forma de concienciar sobre la necesidad de un acceso rápido al diagnóstico y tratamiento adecuado y para reconocer el extraordinario desafío de vida que significa esta enfermedad en niños, adolescentes y sus familias. Si pudierais pedir un deseo, ¿cuál sería? Los jóvenes con cáncer y sus familiares nos muestran en este vídeo cómo dejamos escapar las cosas verdaderamente importantes.


El cáncer asusta porque la mayoría no sabe mucho sobre él y a todos nos da miedo lo desconocido. Independientemente de la edad en que aparezca, la vida te cambia de repente. Hay que enfrentarse con pruebas, tratamientos, ingresos en el hospital... Pero, ¿qué pasa cuando es un niño o un adolescente quien lo padece? Tener información sobre la enfermedad ayuda a perder el miedo y a afrontarla con realismo.

Cada año más de 250.000 niños en el mundo reciben un diagnóstico de cáncer –un caso infantil por cada 200 casos de cáncer en adultos– y se estima que unos 90.000 infantes mueren debido a esta enfermedad, a pesar de que la mayoría de los casos tienen cura. La supervivencia global de cáncer infantil está cerca de 80 por ciento. Sin embargo, es la primera causa de muerte infantil. La alta tasa de mortalidad, principalmente en países en desarrollo, responde a la falta de información y de diagnóstico temprano. 

En España, cada año se diagnostican unos 1.500 casos de cáncer en niños y adolescentes. El 73 por ciento están libres de enfermedad a los 5 años del diagnóstico (Registro Nacional de Tumores Infantiles, 2003). La detección temprana es una de las claves principales para superar el cáncer, sobre todo si hablamos de cáncer infantil. En los países desarrollados cerca del 80 por ciento de los casos son curables, pero en los países sin recursos apropiados hablamos de un 10-20 por ciento por falta de cuidados médicos adecuados, diagnósticos tardíos y/o tratamientos ineficientes.

Tipos de cáncer infantil

A pesar de llevarse a cabo muchas investigaciones, las causas de la mayoría de los tumores en niños se desconocen y todavía es imposible prevenirlos. En la actualidad se realizan numerosos estudios y proyectos de investigación para intentar establecer los factores y las razones que provocan el cáncer y así mejorar las técnicas de diagnóstico y los tratamientos.

Los tipos más frecuentes de cáncer en la adolescencia son enfermedades hematológicas y tumores sólidos. Entre los primeros, el cáncer infantil más común es la leucemia y supone alrededor del 33 por ciento de los casos. La Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA) es la más habitual en niños y compone el 80 por ciento de las leucemias infantiles. También encontramos casos de linfoma de Hodgkin y linfoma no-Hodgkin.

En cuanto a los tumores sólidos, el tumor óseo conocido como osteosarcoma es el más usual en niños y adolescentes. El Sarcoma de Ewing es el segundo tumor óseo maligno más frecuente. También encontramos casos de TSNC (Tumores del Sistema Nervioso Central) y el neuroblastoma es el tumor del tejido nervioso extracerebral más frecuente del niño. 

Tratamientos

Cada enfermedad tiene su tratamiento específico y sigue un protocolo administrado en ciclos. Destaca la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía y el trasplante de médula ósea. Este último se trata, en algunos casos, del primer tratamiento de elección para evitar una recaída, mientras que otras veces se utiliza cuando el primero no ha logrado la remisión o el cáncer ha reaparecido. Hay distintos tipos de trasplante: auto-trasplante, trasplante de donante emparentado, trasplante de donante no emparentado o trasplante de sangre de cordón.

Mi hijo tiene cáncer, ¿cómo se lo digo?

Que un niño o adolescente tenga cáncer es una experiencia dolorosa y desconcertante. La enfermedad y el tratamiento van a ser una experiencia traumática para toda la familia y, sin duda, será un periodo difícil en el que pueden aparecer muchas emociones, miedos y dudas. Por eso es fundamental no mentir al menor.

Ante todo, tiene que quedar claro que nada de lo que le haya pasado al niño es la razón de su enfermedad y que los padres no son los culpables. Al igual que los otros hijos no tienen por qué tener más probabilidades de desarrollarlo. Por otra parte, el cáncer no es una enfermedad contagiosa como, por ejemplo, la gripe. Al niño no le han trasmitido su enfermedad ni otras personas ni animales, y a su vez, él tampoco puede contagiarlo.

Desde el primer momento el menor es consciente de que “pasa algo raro”, aunque no sepa el qué. Por eso es conveniente informarle en seguida tras la confirmación del diagnóstico con un lenguaje claro y sencillo, adaptado a su edad y madurez. Lo mejor es que se lo digan sus padres y después acercarle a su médico animándole a que hable con él y le pregunte. Pero si no se ven capaces o les resulta demasiado difícil hablar con el pequeño, el médico puede ayudar, aunque siempre deberían estar presentes para apoyarle y compartir ese momento. Cuanto más tiempo pase sin decírselo, más imaginará cosas que pueden ser peores que la realidad. 

Si no sabemos cómo abordar una posible pregunta, hablaremos con el médico, un psicólogo u otra persona que nos pueda ayudar. Es totalmente comprensible tener dudas sobre qué, cómo y cuándo decirle al niño que tiene cáncer, pero no debe acabar en “es muy pequeño, no va a entender lo que le digamos, así que mejor no le contamos nada”, porque es una forma de evitar una situación muy dolorosa necesaria para todos, sobre todo para el menor. Tenemos que darle ejemplos de lucha y afrontamiento, de confianza y optimismo, porque los padres son sus modelos a imitar.

Mientras hablamos con el niño es básico mantener contacto físico –sentarnos juntos, cogerle…– y visual, al igual que permitirle cualquier expresión emocional –tristeza, rabia, miedo– diciéndole que es normal que se sienta así en esta situación y ofreciéndole apoyo en todo momento. Si vemos posibles sentimientos de culpa se intentan eliminar y se aclaran los malos entendidos. Por ejemplo, puede que el niño crea que es un castigo por haberse portado mal o por no dejar sus cosas a sus hermanos. 

En el caso de que tengan que ingresarle, una buena adaptación del menor a la hospitalización produce un importante beneficio físico y psicológico. Conviene que lleve juguetes u objetos que le den seguridad y que signifiquen algo para él. Es importante no mentirle al respecto porque solo conseguiremos que se sienta engañado y desconfíe de todos. Tampoco podemos prometerle algo si no sabemos con seguridad que se puede cumplir.


En general, la información que recibirá dependerá de lo que pueda comprender en función de su edad y madurez: 
  • Hasta los dos años: no entienden qué es el cáncer y lo que más les preocupa es la separación de sus padres, así como lo que pasa en el presente. Estaremos siempre junto a él y, cuando no sea posible, le daremos algún objeto o juguete que le dé seguridad. Seremos honestos, explicándole que algunos procedimientos médicos pueden parecerle dolorosos o molestos. Esto aumentará la confianza del niño. Es básico contarle todo lo que va a suceder de forma muy sencilla. 
  • Entre los dos y los seis años: comprenden qué es una enfermedad, aunque creen que siempre está causada por factores externos –virus– o por una acción concreta –me he portado mal, el otro día me caí–. El niño puede interpretar los mensajes no verbales de su entorno que le insinúan “que algo malo pasa”. Preguntaremos al niño qué piensa y qué siente. Le diremos que el tratamiento es necesario para eliminar la dolencia y que no es consecuencia de su comportamiento o de sus pensamientos. Seremos sinceros y le explicaremos la enfermedad en términos sencillos. Podemos usar los términos “células buenas” y “células malas” para explicar el cáncer pero no mentiremos ni fingiremos que no ha pasado nada. 
  • Entre los siete y los doce años: el menor ya tiene mayor conocimiento de su cuerpo. Entiende que la mejora aparece tras el tratamiento y colabora más. En estas edades explicamos de forma más detallada la enfermedad y los tratamientos, pero es conveniente relacionarla con situaciones que le sean familiares. No le mentiremos y siempre le daremos esperanzas realistas. Hay que animarle a expresar sus miedos y preocupaciones y hacerle saber que es normal que esté preocupado, nervioso o asustado. 
  • A partir de los doce años: cuando son mayores ya pueden comprender la complejidad del cáncer y su tratamiento. Los adolescentes suelen pensar en los síntomas y las limitaciones que perciben en su vida cotidiana. Pasarán por los periodos de ambivalencia característicos de su edad. Aunque necesitan ser tratados como un adulto, también precisan el apoyo, cariño y seguridad que los padres les proporcionan. Permaneceremos cercanos, disponibles para hablar con él, pero no le agobiaremos si no desea hacerlo. Le apoyaremos para que se sienta seguro expresando sus sentimientos y también expresaremos los nuestros, facilitando la comunicación familiar. Favoreceremos su participación respecto a la información que necesita y en la toma de decisiones. 

Cómo puede afectar el cáncer al menor 

El niño con cáncer se enfrenta a un amplio abanico de emociones: miedo, ira, soledad, depresión o ansiedad. El impacto emocional y las estrategias de afrontamiento que utilice variarán según su nivel de desarrollo. Probablemente se preguntará si va a morir, estará angustiado o preocupado y puede comportarse de un modo diferente y extraño. Necesita tiempo para adaptarse a los cambios que se producirán en su vida y para expresar sus miedos y preocupaciones. Según los resultados de un estudio prospectivo, inmediatamente después del diagnóstico experimentan más ansiedad, dependencia, llantos y problemas de sueño, y sus padres más ansiedad, tensión e insomnio que la población general. 

Es natural que los familiares estén preocupados pero no deben atosigar al menor con preguntas ni controlar excesivamente todo lo que haga. Lo importante es demostrarle disponibilidad para conversar siempre que tenga la necesidad de hablar o preguntar. No obstante, los límites y la educación no deben cambiar. El cáncer puede hacer más difícil mantener la disciplina, y no conservar unas normas marca todavía más las diferencias entre él, sus hermanos y sus amigos. Tolerar comportamientos que antes no se permitían, hacer excesivos regalos y tener atenciones especiales son algunos ejemplos de conductas frecuentes que le llevan a pensar “que algo raro está pasando” y que le harán sentir cierta inseguridad.

Durante el tratamiento es común que surjan comportamientos negativos extremos, gritos, oposición, resistencia general y poca colaboración con el personal sanitario ante procedimientos potencialmente estresantes –como radioterapia, quimioterapia o extracciones de sangre– que a veces se consideran más dolorosos que el propio cáncer. Los trastornos del sueño –alteraciones del ritmo de sueño– o la fatiga –preocupaciones y miedo por el cáncer o ansiedad por el futuro– son frecuentes a causa del dolor. 

Los problemas de ansiedad se manifiestan por diversos motivos pero destacan las frecuentes hospitalizaciones que suponen una ruptura en sus hábitos y su vida cotidiana, la separación de sus padres y hermanos y el miedo a la muerte. Al igual que temen a las curas, a las batas blancas, a los instrumentos y procedimientos médicos, a la toma de determinados fármacos, al sueño y al dolor. También pueden mostrar un bajo estado de ánimo y pocas fuerzas para afrontar la enfermedad. La depresión se puede manifestar con llantos frecuentes, tristeza, irritabilidad, aislamiento, falta de interés por las actividades de juego, problemas de sueño… 

Los cambios físicos que perciben durante esta experiencia –pérdida del cabello, variación de peso– pueden amenazar su autoestima y favorecer la aparición de problemas en sus relaciones sociales. Las visitas continuadas al hospital suponen la separación de sus compañeros y amigos, lo que dificulta sus relaciones y puede generar su aislamiento. Por eso, mantener la relación con el colegio y con sus compañeros y amigos permite al menor con cáncer el contacto con su vida cotidiana e incrementa la esperanza de sentirse bien y de curarse. 

Las repercusiones del cáncer infantil y las necesidades de estos niños y de sus familias justifican la intervención psicológica, durante la fase de diagnóstico y de tratamiento, con el fin de dotar a los menores y a las familias de información y estrategias de afrontamiento apropiadas para hacer frente a esta situación. Sobre todo, no hay que dudar en solicitar ayuda de un profesional si observamos comportamientos como: 
  • En niños pequeños: 
o Preocupación o ansiedad excesiva que puede exteriorizarse en negarse a ir al hospital, a acostarse para dormir o a participar en actividades propias de su edad. 

o Apatía o desinterés para jugar o realizar actividades que antes le gustaban. 

o Pesadillas persistentes. 

o Desobediencia y conducta provocativa hacia las figuras de autoridad. 

o Rabietas habituales e irritabilidad constante. 

o Cambios importantes en el rendimiento académico. 
  • En pre-adolescentes y adolescentes: 
o Dificultad para enfrentarse a la enfermedad y los tratamientos. 

o Cambios significativos en hábitos de sueño o de alimentación. 

o Miedo intenso a los tratamientos o procedimientos médicos. 

o Estado depresivo manifestado por una actitud negativa y acompañado de falta de apetito, dificultad para dormir, tristeza e ideas relacionadas con la muerte. 

o Cambios evidentes en el aprendizaje en la escuela. 

o Abuso de drogas o de alcohol. 

o Arranques de ira o malhumor frecuentes. 

o Indiferencia respecto a la escuela y aficiones anteriores. 

o Evitación de la relación con sus compañeros, amigos... o establecimiento de relaciones conflictivas. 

Más información en Día Mundial contra el cáncer

miércoles, 4 de febrero de 2015

Día Mundial contra el Cáncer

Por Beatriz Camacho

¿Conoces a alguien cercano que ha vivido el cáncer? Seguro que sí. Sea en primera persona, en la familia o en algún amigo, es muy frecuente encontrar esta enfermedad en nuestro entorno. El cáncer es una de las principales causas de muerte en España, sobre todo el cáncer de pulmón, estómago, hígado, colon y mama, a pesar de que aproximadamente el 40 por ciento de los casos se podrían evitar.

En el año 2000 se estableció el día 4 de febrero como ‘Día Mundial Contra el Cáncer’ con el objetivo de aumentar la concienciación y movilizar a la sociedad para avanzar en la prevención y el control de esta enfermedad. El lema para 2015 es ‘A nuestro alcance’.


Uno de cada tres varones y una de cada cuatro mujeres tendrá cáncer a lo largo de su vida. Si bien la cifra de casos aumenta cada año en España, la mortalidad es menor debido al diagnóstico precoz y a los avances científicos y tecnológicos sobre aparición, desarrollo y crecimiento del cáncer, que mejoran el tratamiento oncológico. En la actualidad, cerca de 8,4 millones de personas con cáncer viven. Cada vez son más los que salen adelante y superan esta dolencia. Querer es poder y es esencial tener un objetivo enfocado hacia la meta. 

Existen más de 200 tipos de cáncer y cada uno puede tener características completamente diferentes al resto, con una causa, una evolución y un tratamiento específicos. Pero todos tienen algo en común: es un proceso de crecimiento anómalo y desordenado de células cancerosas capaces de multiplicarse y que pueden invadir un tejido próximo y desplazarse sin control a otras zonas del cuerpo (metástasis).


La clave está en la prevención 

Sufrir cáncer es consecuencia de la combinación de múltiples factores. La mejor terapia es la prevención. La prevención primaria se realiza en la fase prediagnóstica del cáncer y consiste en informar y crear programas de actitudes y comportamientos saludables para reducir la aparición de esta enfermedad. Son campañas de formación y educación para la salud, basadas en adoptar hábitos sanos de alimentación, evitar el sedentarismo y el consumo de tabaco y alcohol, adquirir conductas saludables como las revisiones médicas y tener en cuenta otros factores de riesgo como el estrés y los antecedentes familiares. 
La prevención secundaria se centra en la detección precoz y en la información adecuada para el paciente, su familia y el personal sanitario durante la fase diagnóstica. Mientras que la prevención terciaria trata la fase postdiagnóstica y se basa en mejorar la calidad de vida del paciente, su adaptación y rehabilitación, la adherencia al tratamiento y las intervenciones psicológicas necesarias ante las circunstancias generadas por la enfermedad como depresión, ansiedad, expresión y apoyo emocional, dolor, cuidados paliativos… 

En definitiva, la prevención tiene dos objetivos: 
  • Disminuir la incidencia. Cerca del 75-80 por ciento de los cánceres pueden atribuirse a factores externos que, comúnmente, se pueden modificar para reducir el riesgo de desarrollar un cáncer. 
  • Disminuir la mortalidad. Detectar el cáncer en sus etapas más tempranas y aplicar tratamientos específicos más sencillos y eficaces. 
Afrontando el cáncer 

El cáncer no es solo una enfermedad física y enfrentarse a ello no es fácil. La forma en que afecta a cada persona es diferente aunque las emociones que sentimos suelen ser comunes en todos. El impacto del diagnóstico, los tratamientos, las revisiones periódicas... cada uno responde y afronta de manera distinta la enfermedad. Hay tantas reacciones como personas, por lo que hablamos de Psicología Diferencial. 

Cada uno tiene su forma de ser, sus creencias y valores, su modo de enfrentar los problemas y su perspectiva del mundo. El poder de la mente tiene una gran importancia sobre el cuerpo y la salud. Aristóteles ya definió cuerpo y alma como una sola unidad y, hace más de 130 años, el médico francés Claude Bernard acuñó la famosa frase “no hay enfermedades sino enfermos”. Diferenciamos entre “ser” y “estar” enfermo. No es lo mismo pensar “soy un enfermo” que “tengo una enfermedad”. 

El cáncer supone serias consecuencias para la persona y su familia a nivel emocional, laboral, económico y social. La mayoría sufre un shock emocional ante la incredulidad de recibir un diagnóstico de cáncer. De ser alguien sano, con sus ocupaciones y sus problemas cotidianos, se pasa a ser un individuo con una grave enfermedad. Es una situación inesperada, un cambio importante en nuestra vida que necesitamos asimilar. 

Es natural que broten emociones negativas, ya que son parte del proceso de adaptación y poco a poco se atenuarán. Algunas personas se ponen nerviosas e irascibles y otras se sienten tristes o se encierran en sí mismas. Las emociones más comunes son tristeza, cólera, miedo, confusión y desesperanza. En general, la primera reacción es de ira, después viene la ansiedad y como tercera reacción tenemos una disminución del estado de ánimo. 

¿Voy a morir? ¿Por qué me ha ocurrido a mí? Son preguntas muy habituales, ya que la incertidumbre sobre el futuro es posiblemente la sensación que mejor define esta experiencia. Inevitablemente, pensar en la muerte produce desasosiego, angustia, temor e infinidad de intensas emociones y pensamientos. En los casos de recaída –reaparición del tumor maligno tras un periodo más o menos largo de ausencia de la enfermedad– se experimentan emociones similares o más intensas a las que surgieron con el primer diagnóstico. 

Es necesario hablar del cáncer para externalizar nuestras emociones y compartirlas con la familia y los amigos. La comunicación ayuda a nuestros seres queridos a conocer cómo nos sentimos, entender nuestros miedos y preocupaciones y, sobre todo, les permite ayudarnos y sentirse útiles durante el transcurso de la dolencia. Del mismo modo, nos ayuda a desahogarnos, a sentirlos más cercanos y a creer que no estamos solos. 

Además, mientras sea posible, hay que conservar la autonomía personal para evitar la aparición de conductas depresivas y del sentimiento de creerse una carga para la familia o el entorno. Se trata de obtener una mejor calidad de vida para todos. Las reacciones de ansiedad, depresión, inseguridad, miedo a la enfermedad y al rechazo y las alteraciones de la imagen corporal, que llevan al deterioro de la autoestima, suponen una significativa barrera en dicha autonomía. 

La psicología dentro del tratamiento oncológico 

Los principales tratamientos para combatir al cáncer son la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia. Su eficacia está comprobada científicamente, a diferencia de los tratamientos alternativos, que no está demostrada. 

Desde la Psicología de la Salud se llevan a cabo programas de preparación para las intervenciones de cirugía. El tratamiento de la ansiedad prequirúrgica conlleva una disminución del tiempo de hospitalización, una menor medicación y una mayor recuperación. La psicología actúa evitando las consecuencias negativas emocionales y los problemas de autoimagen y de adaptación al medio que derivan de la cirugía. 

También hay que mencionar que, tras varias sesiones de quimioterapia, la ansiedad anticipatoria hace que los pacientes manifiesten los efectos secundarios de la quimioterapia antes de hacerla. Incluso algunas personas se niegan a realizarla porque la anticipación de la sintomatología negativa es muy grande. 

Por otra parte, estudios elaborados con pacientes oncológicos afirman que aproximadamente un 30 por ciento muestra cierto grado de afectación psicológica que requiere tratamiento profesional. Las perturbaciones también pueden darse en las relaciones interpersonales a nivel familiar, de pareja y sexual o de reincorporación al puesto laboral. 

Fase terminal: cuidados paliativos 

La atención apropiada de afectados por cáncer continúa siendo un importante desafío para la salud pública. La etapa terminal se caracteriza por un intenso sufrimiento y una alta demanda asistencial. En España se ha producido un rápido crecimiento de programas y servicios de cuidados paliativos como respuesta a la gran demanda y al creciente interés del sistema sanitario para responder a la misma. 

Cuando no hay cura, se puede cuidar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define los cuidados paliativos como un “enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades amenazantes para la vida, a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la identificación temprana e impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas, físicos, psicológicos y espirituales”. 

El objetivo fundamental es aliviar el sufrimiento y mejorar en lo posible la calidad de vida de estos pacientes, con especial énfasis en el periodo agónico, y teniendo en cuenta a los familiares en el proceso de duelo cuando sea necesario. Si bien la muerte forma parte de la vida, no es lo mismo enfrentarse a ella en uno u otro momento determinado del ciclo vital, ni para el paciente terminal ni para sus seres queridos. 

Desde la psicología buscamos que acepten la muerte como un acto vital más, una parte del proceso, y no como un fracaso. La respuesta psicológica depende de la personalidad, las características de la enfermedad y los factores socioculturales de cada persona, pero siempre implica un proceso de duelo por etapas que abarca el sentimiento de pérdida y una resolución anticipada porque ya se espera con antelación la defunción. Estas fases son: 

1. Negación: “esto no puede pasarme a mí”. La persona se aísla y rechaza la realidad. Implica ansiedad y la duración de esta etapa nos indica la dificultad de la persona para afrontar el fallecimiento. 

2. Ira: “¿por qué a mí?”. El individuo se hace cargo de la situación y manifiesta ira, hostilidad y resentimiento que puede desplazar hacia los demás. 

3. Negociación: “Si solo pudiera tener más tiempo...”. La persona tiene la esperanza de retrasar la muerte a cambio de promesas. 

4. Depresión: “voy a morir, ¿qué sentido tiene?”. El avance de la enfermedad y del deterioro del paciente favorecen la aparición de síntomas depresivos ante la próxima muerte. Es muy importante expresar la pena y eliminar las falsas esperanzas. 

5. Aceptación: “Esto tiene que pasar”. Con el tiempo, se asume y se acepta la idea inevitable de morir y se busca el apoyo de los familiares. 

Las prioridades de los pacientes son: tener los síntomas aliviados, evitar una prolongación inapropiada de su situación, tener una sensación de control en la toma de decisiones, no ser una carga y estrechar los lazos con sus seres queridos. Los últimos días en la vida del paciente terminal requieren una atención especial. Hay que potenciar el bienestar y el confort físico, emocional y espiritual, fomentar la obtención de una muerte digna y en paz y a apoyar a familiares y cuidadores para que el recuerdo de esta fase sea lo más positivo posible.