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martes, 20 de octubre de 2015

Artículo de Psicología: el extraño conocido que te persigue. El Síndrome de Frégoli

Por Beatriz Camacho

Ya que en otra ocasión os explicamos qué es el síndrome de Capgras, esta vez vamos a hablar sobre el llamado síndrome de Frégoli, un trastorno delirante todavía menos frecuente que el de Capgras pero relacionado con él.

martes, 6 de octubre de 2015

Artículo de Psicología: Folie à deux, locura compartida

Por Raquel Márquez

La característica esencial de este trastorno, también conocido como trastorno psicótico compartido, es una ilusión que se desarrolla en un individuo que está involucrado en una relación íntima con otra persona que tiene un trastorno psicótico con ideas delirantes. No se puede establecer una edad clave ya que en este tipo de trastorno es muy variable.

martes, 22 de septiembre de 2015

Artículo de Psicología: Cuando tu familiar es un impostor. El síndrome de Capgras

Por Beatriz Camacho


Una de las patologías psiquiátricas más desconcertantes que existe en la actualidad es la conocida como síndrome de Capgras.

Imagina que regresas a casa y al abrir la puerta te encuentras con un extraño que prácticamente es igual a tu marido, tu hijo u otro familiar con el que compartes hogar pero que tiene algunas diferencias que te hacen pensar que no lo es. Eso es lo que le ocurre a las personas que padecen esta enfermedad, están convencidas firmemente de que un familiar cercano ha sido sustituido por un doble, por un impostor idéntico.

jueves, 7 de mayo de 2015

Imputabilidad de la enajenación mental y del trastorno mental transitorio

Por Beatriz Camacho

Una persona es imputable cuando tiene la capacidad de conocer la ilicitud de la conducta y de poder actuar conforme a tal conocimiento. La imputabilidad se basa en el conocimiento y la voluntad, en la capacidad de responder de la persona (responsabilidad). Según Cuello Calon, es “un modo de ser del agente, un estado espiritual del mismo que tiene por fundamento la existencia de ciertas condiciones psíquicas, biológicas y morales (salud mental y madurez) exigidas por la Ley para que se pueda responder sobre los hechos cometidos”. Lo inimputable establecería la incomprensión de la respuesta mientras que lo imputable supondría la integridad del “yo”, de la conciencia, del conocimiento o inteligencia y de la voluntad.

jueves, 19 de febrero de 2015

Trastorno de la personalidad múltiple, ¿mito o realidad?

Por Raquel Márquez

Todos hemos oído hablar del trastorno de la personalidad múltiple, desde El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde hasta Psicosis o El club de la lucha, pasando por el personaje de Gollum de El señor de los anillos e incluso el personaje interpretado por Jim Carrey en la comedia Yo, yo mismo e Irene, tanto literatura como cine nos lo han mostrado en más de una ocasión, sin embargo lo han hecho de forma exagerada.

Actualmente el trastorno de personalidad múltiple ha sido renombrado como trastorno de identidad disociativo y consiste en la presencia de dos o más personalidades, cada una de ellas con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo. La persona adquiere más de una identidad (alter ego) que controla su comportamiento y cada uno de ellas desarrolla su propia relación con la realidad. El proceso es involuntario y la memoria asociativa se pierde, la persona es incapaz de recordar información personal importante debido a que se trata de acontecimientos que han ocurrido cuando otra de las identidades tenía el control. Es un trastorno que aparece en la infancia, nunca en la edad adulta, aunque persiste durante esta.

La disociación es un mecanismo de defensa psicológica que consiste en una ruptura con la realidad, aparece como defensa para poder sobrellevar el dolor y el miedo, es un modo de escapar de la realidad. 

Causas
Para que aparezca el trastorno han de darse las siguientes características:

  • Que la víctima tenga una predisposición psicobiológica para disociar como mecanismo de defensa.
  • Que suceda un acontecimiento traumático que desencadene la disociación.
  • Que sucedan traumas repetidos que encadenen las diversas disociaciones en una nueva identidad.
No todas las personas que han tenido un episodio disociativo como respuesta a un trauma desarrollan un trastorno de identidad disociativo, para ello es necesario que el trauma sea repetido a lo largo del tiempo.

La personalidad primaria o real tiende a ser pasiva y depresiva, mientras que las otras son más dominantes y hostiles. La identidad más pasiva es la que manifiesta amnesia en mayor medida y puede estar dirigida por la personalidad dominante, en caso de que sea consciente de su existencia. Actualmente tanto en el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) como en la CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades), el TID se categoriza dentro de los trastornos disociativos, es decir, de aquellos que se producen por fallos en la integración de la conciencia, la percepción, el movimiento, la memoria o la identidad como consecuencia directa de traumas psicológicos.

Esta relación con experiencias traumáticas lo vincula con el trastorno de estrés postraumático (TEP), que se origina tras haber sufrido u observado un acontecimiento altamente traumático en el que está en juego la vida de la persona. La situación traumática vuelve a re experimentarse una y otra vez a través de pesadillas o flashbacks.

Síntomas
Los síntomas de este desorden varían en dependencia del individuo, pero los más frecuentes son: 
  • Manifestaciones, creencias y actitudes múltiples muy disímiles unas de otras
  • Distorsiones en el tiempo 
  • Pérdida de la memoria 
  • Despersonalización
  • Miedos
  • Paranoias
  • Dolores de cabeza de origen desconocido
  • Angustia y ansiedad
  • Soliloquio
  • Compulsiones 
Se le asocia con antecedentes muy traumáticos, abusos infantiles o con problemas innatos de memoria disociativa. Hay teorías que plantean que los niños que han tenido experiencias muy difíciles en la infancia separan su conciencia de los traumas para poder sobrevivir a ello. Esa carga afectiva se deposita en el inconsciente, dando lugar a personalidades independientes. El proceso de disociación sería una respuesta defensiva ante nuevas condiciones de estrés.

Diagnóstico y Tratamiento
El número de diagnósticos de TID ha aumentado en los últimos años. Algunos profesionales lo atribuyen a una mayor conciencia del trastorno por parte de los clínicos, otros consideran que se debe a un sobre diagnóstico. Asimismo, también están los que opinan que existe una falta de formación sobre las manifestaciones del TID que lleva a que muchos casos no sean detectados. Según Kluft (1991), sólo un 6% de los casos de personalidad múltiple son detectables de forma clara. El tratamiento requiere años, para poder curarse la disociación de la identidad se necesita tratamiento terapéutico, uno centrado en integrar todas las personalidades hasta conseguir que funcionen como una sola. El tratamiento consiste en aliviar los síntomas que el trastorno causa, así como ayudar al paciente a enfrentar la angustia que este genera.

Es importante no confundir la personalidad múltiple con los diferentes roles que una persona puede desempeñar en su vida. Las personas que han sido diagnosticadas con personalidad múltiple suelen tener dos personalidades, una que suele ser más dominante que la otra por lo que toma el control de la realidad con mayor frecuencia. 

El trastorno de personalidad múltiple o trastorno disociativo de la identidad, y habitualmente también conocido como desdoblamiento de la personalidad, no es un mito, hay pruebas clínicas que demuestran su existencia si bien no es aquello que cine y literatura han enseñado. Incluso hoy en día, tras investigar bien los trastornos y ser capaces de definirlos cada vez más, es difícil establecer un diagnóstico claro y evidente de este trastorno.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Prevalencia de las enfermedades mentales en Europa y España

Por Beatriz Camacho

Los trastornos mentales en Europa y en España


Durante las dos últimas décadas se han realizado numerosos estudios sobre la prevalencia de los trastornos mentales en la población general. Los trastornos mentales representan el 12,5 por ciento de todas las patologías y componen la causa más habitual de enfermedad en Europa, por delante del cáncer y los trastornos cardiovasculares. Su impacto en la calidad de vida de las personas supera al de enfermedades crónicas como la artritis, la diabetes o las enfermedades cardíacas y respiratorias.

Una de cada cuatro personas padece alguna enfermedad mental a lo largo de su vida: unos 450 millones de personas en todo el mundo. En España, alrededor del 9 por ciento de la población padece alguna enfermedad mental en este momento y se estima que entre un 19 por ciento y un 26 por ciento de los españoles sufrirán un trastorno mental a lo largo de su vida, cifra que se incrementará considerablemente en el futuro. 

En muchos países europeos, las enfermedades mentales son la causa del 45-55 por ciento del absentismo laboral. Además, estos trastornos suponen el 40 por ciento de las enfermedades crónicas y la mayor causa de los años vividos con discapacidad. Un tercio de estos años pueden atribuirse a trastornos neuropsiquiátricos. Globalmente, el 12 por ciento se deben únicamente a la depresión. 

Es más, la depresión es la cuarta causa de morbilidad y se prevé que en el año 2020 pase a ser la segunda. En la Unión Europea, 18,4 millones de personas con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años padecen cada año una depresión importante. De hecho, la ansiedad y la depresión son las principales causas de incapacidad en todo el mundo y en la última década han incrementado hasta ocupar la cuarta parte de las visitas a los centros sanitarios. 

Los trastornos mentales graves –sobre todo esquizofrenia y trastorno bipolar– son menos frecuentes y, en general, más discapacitantes, y suponen una mayor carga para la familia de los afectados. Más de un millón de españoles tienen una enfermedad mental grave y menos de la mitad recibe apoyo psicológico y rehabilitación psicosocial, según datos de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental.

Las personas con enfermedad mental, sus familiares y los profesionales que las atienden, consideran que existen estereotipos “de peligrosidad” asociados a la enfermedad mental. Solo el 14 por ciento de las personas con trastorno mental crónico tiene pareja estable y un 18 por ciento afirma no tener ninguna amistad. A pesar de que el 18 por ciento de la población general, el 28 por ciento de los familiares e incluso el 20 por ciento de las personas con enfermedad mental crónica creen que las personas con enfermedad mental suponen un riesgo si no se las hospitaliza, el 99 por ciento de los profesionales no lo cree.


Según una encuesta publicada en 2003 a nivel europeo, el 90 por ciento de las personas que declaran tener problemas mentales admiten no haber recibido tratamiento en los últimos 12 meses. Sólo el 2,5 por ciento refieren haber acudido a un psiquiatra o psicólogo. Incluso en países con sistemas de salud bien estructurados se estima que entre un 44-70 por ciento de los pacientes con enfermedad mental no reciben tratamiento. 

Principales prevalencias de los trastornos mentales 

Las cinco enfermedades mentales más frecuentes dentro de la población general son los trastornos del estado de ánimo –sobre todo la depresión–, los trastornos de ansiedad –destacan las fobias–, los trastornos de la conducta alimentaria –anorexia y bulimia–, la enfermedad de Alzheimer y el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).


El 22 por ciento de la población padece episodios de ansiedad y de depresión en algún momento de su vida. En datos estadísticos, los trastornos que aparecen con mayor frecuencia a lo largo de la vida son los trastornos depresivos con un 26,23 por ciento y los trastornos de ansiedad de tipo fóbicos u obsesivo-compulsivos con un 17,48 por ciento. A pesar de que, dentro de los trastornos del estado de ánimo, los trastornos depresivos son los más frecuentes, la prevalencia-vida de los trastornos del espectro bipolar oscila entre el 2,6 y el 6,5 por ciento y en el caso del trastorno bipolar I es un 1,7 por ciento. 
Entre los trastornos psicóticos destaca la esquizofrenia con una prevalencia del 1,02 por ciento. La prevalencia del trastorno esquizoafectivo oscila entre el 0,5 y el 0,8 por ciento y el trastorno psicótico breve y el trastorno delirante son poco frecuentes. Un 1 por ciento de la población desarrollará alguna forma de esquizofrenia a lo largo de su vida y menos del 25 por ciento de los afectados es diagnosticado y tratado correctamente en los países occidentales. En España 400.000 personas padecen esquizofrenia y se cree que hay muchas otras sin diagnosticar. Se calcula que la esquizofrenia afecta a cerca del 0,7 por ciento de la población española y el trastorno bipolar al 0,5 por ciento.

En datos epidemiológicos, el 3 por ciento de los europeos tiene un trastorno adictivo. El 8 por ciento de la población masculina y el 3 por ciento de la femenina son adictos al sexo, mientras que el 33 por ciento de los europeos compra de manera excesiva e innecesaria. En España se estima que el 5-10 por ciento de la población sufre adicción al trabajo. 

Por otra parte, la frecuencia de trastornos de personalidad en la población general se sitúa alrededor del 10 por ciento, mientras que en pacientes con otro diagnóstico psiquiátrico oscila entre el 20 y el 40 por ciento. Destacan los tipo paranoide (0,5-2,5 por ciento), esquizoide (1 por ciento), esquizotípico (aproximadamente el 3 por ciento), límite (2 por ciento) e histriónico (2-3 por ciento).

Dentro de los trastornos generalizados del desarrollo, la prevalencia del autismo típico se sitúa entre el 3-4 por ciento, mientras que los trastornos del espectro autista conforman el 2 por ciento. En cuanto al Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), está presente aproximadamente entre el 3-8 por ciento de la población infantil y el 30-50 por ciento de los casos persisten en la adolescencia y en la edad adulta. Por otra parte, las tasas del Trastorno Negativista Desafiante (TND) y del Trastorno Disocial (TD) oscilan entre el 2 y el 16 por ciento de la población y la frecuencia aumenta en función de la edad del menor. Los estudios indican que la prevalencia es aproximadamente de un 3 por ciento a los 10 años y aumenta al 8-9 por ciento a los 16, es decir, se duplica en la adolescencia. 

Respecto a las demencias, la prevalencia en España de la enfermedad de Alzheimer se sitúa entre el 2,2 y el 6,6 por ciento. Pero la demencia vascular tiene una prevalencia del 7,7 por ciento y representa el 41 por cierto de todas las demencias.

Situación actual en España 

Si bien no existe un incremento de los trastornos mentales graves, sí hay mayor incidencia en otras patologías más comunes, tanto en la Atención Primaria como en la especializada, como es el caso de la depresión y de la ansiedad. En tan sólo cuatro años (2006-2010) se ha producido un aumento alarmante de las consultas por motivos de malestar psicológico desde el inicio del periodo de recesión económica en España. Específicamente, los trastornos mentales que han registrado un mayor aumento son los trastornos del estado de ánimo, seguidos de los trastornos de ansiedad y del abuso de alcohol. 

Los trastornos depresivos en España han aumentado un 19,4 por ciento durante los últimos años. Actualmente, los problemas de depresión están presentes en cerca de la mitad de los pacientes que acuden a los servicios de Atención Primaria con una prevalencia del 47,5 por ciento. También se ha producido un incremento del 10,8 por ciento en las personas que padecen distimia, del 8,4 por ciento en trastorno de ansiedad generalizada, del 7,3 por ciento en los trastornos somatomorfos, del 6,4 por ciento en el trastorno de pánico y del 4,6 por ciento en los casos de dependencia y abuso de alcohol.

Según el Estudio ESEMeD-España –parte de un proyecto europeo sobre epidemiología de los trastornos mentales, de la Organización Mundial de la Salud, llamada Encuestas de Salud Mental en el mundo– un 19,5 por ciento de las personas presentan un trastorno mental en algún momento de su vida (prevalencia-vida) y un 8,4 por ciento en los últimos 12 meses (prevalencia-año). El trastorno mental más frecuente es el episodio depresivo mayor, con un 10,5 por ciento de prevalencia-vida, seguido por la fobia específica, el trastorno por abuso de alcohol y la distimia como trastornos con mayor prevalencia-vida. 

En el caso de los varones la prevalencia de trastornos mentales ha aumentado del 15 por ciento al 17 por ciento entre los años 2006 y 2012 pero los datos difieren significativamente según el sexo, la edad y el nivel socioeconómico. Por el contrario, la prevalencia en la población femenina ha disminuido del 25 por ciento al 23 por ciento.