Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de mayo de 2016

Aristóteles al descubierto

Por Sergio Ruiz


Arqueólogos griegos creen haber dado con la la tumba del mítico filósofo Aristóteles, en unas excavaciones llevadas a cabo, a lo largo de más dos décadas, en la antigua ciudad de Estagira, el lugar de nacimiento del fundador de los Peripatéticos. 

miércoles, 20 de abril de 2016

Artículo de Filosofía: La libertad frente al lobo

Por Sergio Ruiz

En los tiempos actuales, en donde el terrorismo está en auge y los movimientos fundamentalistas siguen actuando sin piedad en todo el orbe, los partidos más radicales y xenófobos están alcanzando su mayor captación de voto y visibilidad. Francia, Alemania, Reino Unido… el mensaje en contra de “lo otro”, del enemigo exterior (ese mismo mensaje que, durante tanto tiempo, Estados Unidos ha mantenido para justificar sus gastos en Defensa/armamento), es decir, de “la seguridad por encima de todo”, ya nos lo dejaron ver en el pasado, mentes como la de Orwell, Huxley, Dick… o Hobbes. El británico Thomas Hobbes (Westport, 5 de abril de 1588 - Derbyshire, 4 de diciembre de 1679) fue (es) uno de los mayores filósofos utópicos (género que luego ha crecido también con la distopía); o de los más conocidos como “contractualistas”, junto a Rousseau y, su compatriota, Locke. Su obra cumbre, Leviatán (1651), recoge un extenso y profundo pensamiento político.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Artículo de Deportes: Eternamente Federer

Por Sergio Ruiz

El serbio Novak Djokovic, flamante número 1 del tenis mundial, se coronó ayer, con total justicia, como campeón por segunda vez del US Open, el último grande de la temporada. Nole, ganador de tres Grand Slams este año, y finalista en Roland Garros, esta firmando una de los mejores cursos de la historia del tenis. 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Artículo de Filosofía: Nietzsche y Schopenhauer: la voluntad como motor de la existencia

Por Sergio Ruiz

¿Cuáles son las debilidades del ser humano? ¿Qué nos hace miedosos, inseguros, temerosos o conformistas? ¿Quién representa todo lo que nos gustaría ser y no somos: todopoderosos, eternos, omniscientes? En efecto, Dios.

jueves, 20 de agosto de 2015

Babilonia frente a Jerusalén: La Tierra contra el Cielo

Por Sergio Ruiz

"La ciudad de Dios" es la principal obra de Agustín de Hipona, más conocido como San Agustín. Escrita entre los años 413 y 426, el objetivo de dicha obra magna fue refutar la opinión de que la caída de Roma en poder de los godos de Alarico (año 410), había sido causada por la aceptación del cristianismo y por el abandono de los dioses del Imperio, que, como castigo, habían dejado a Roma desamparada en manos de los bárbaros. Es decir, que la crisis de fe necesitaba encontrar una respuesta que aliviara al cristianismo.

jueves, 11 de junio de 2015

El empirismo inglés: la experiencia lo es todo

Por Sergio Ruiz

El empirismo es una doctrina filosófica que se desarrollo en los siglos XVII y XVIII, cuyo principal lugar de cultivo fue Gran Bretaña. Considera a la experiencia como única fuente válida del conocimiento. ¿Cómo adquirirla? Digamos que mediante al método más alejado del cartesiano: gracias al contacto de los sentidos con las cosas. 

viernes, 29 de mayo de 2015

La verdad: un reto histórico

Por Sergio Ruiz

¿Qué es la verdad? Esta es una de las preguntas más peliagudas a la que cualquier filósofo se ha enfrentado jamás. La existencia de Dios, del alma, o el origen del universo son otros temas trascendentales que han acompañado al ser humano a lo largo de su historia.

martes, 21 de abril de 2015

Russell y Wittgenstein: el atomismo lógico

Por Sergio Ruiz

Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, maestro y alumno en el Trinity College de la Universidad de Oxford (1911-1914), son probablemente los dos filósofos más trascendentes del siglo XX en la teoría del conocimiento.
 
Russell, filósofo y matemático británico, Premio Nobel de Literatura, fue un profundo activista social (en pos de la paz, de la igualdad entre sexos o racial), un verdadero "intelectual comprometido", que diría años después Sartre. El principal campo en donde Bertrand profundizó su estudio fue en la filosofía analítica. Gracias a él, otros grandes intelectuales, crearon "El círculo de Viena" (Wittgenstein tuvo también gran influencia en este organismo, casi más que su maestro), uno de los grandes núcleos culturales para desarrollar el pensamiento humano.
 
Filosofía analítica
 
Aunque difícil de determinar con exactitud, a grandes rasgos el término apunta a una forma de aproximarse a los problemas filosóficos, caracterizada principalmente por:
  1. Un especial interés en el estudio del lenguaje y el análisis lógico de los conceptos, considerando tanto la lógica formal, como el lenguaje ordinario. Este rasgo se encuentra prácticamente en todas las obras más representativas de la Filosofía Analítica desde sus orígenes, como en Principia mathematica (1910-1913) de Russell y Whitehead, o como en el Tractatus Logico-Philosophicus (1921) de Wittgenstein.
  2. Una posición más bien escéptica respecto de la tradición metafísica. Esta característica encontró su punto más álgido en el neopositivismo del Círculo de Viena de Otto Neurath y Rudolf Carnap, quienes llegaron a adoptar la posición fuerte de que los enunciados metafísicos carecen de sentido, una vez sometidos al análisis lógico.
  3. Una conexión con la tradición empirista, tanto en espíritu, estilo, foco y análisis filosófico. El Empirismo lógico influencia a los intelectuales que abordan estas teorías del conocimiento.
  4. Una autoproclamada afinidad con la investigación científica. En particular, con los conceptos de la física como paradigma de comprensión de lo real. Esta cualidad encuentra su lugar más evidente en el Fisicalismo, pero es un rasgo muy difundido dentro de la tradición analítica.
  5. Una contraposición respecto a otras tradiciones filosóficas. Principalmente en relación a la llamada Filosofía Continental, aunque también a las diferentes formas de Filosofía Oriental, de Tomismo cristiano y de Marxismo, entre otras.
En la actualidad, junto con la Filosofía del lenguaje de los inicios, se han añadido nuevos temas dentro de la Filosofía Analítica, como la Filosofía de la Mente, la Filosofía de las ciencias, la Filosofía de las Matemáticas, la Epistemología e incluso la Metafísica. Esto ha enriquecido enormemente la tradición Analítica iniciada a principios del siglo pasado, pero también ha desdibujado los principios y límites característicos de esta corriente filosófica, razón por la cual resulta muy polémico intentar trazar una definición precisa del término en el presente.
 
Russell adoptó los métodos de Guillermo de Ockham sobre el principio de evitar la multiplicidad de entidades para un mismo uso ("no se debe postular la pluralidad sin necesidad"), la navaja de Ockham, como parte central del método de análisis y el realismo. En otras palabras, ante una serie de distintos enunciados, el más probable sería considerado como cierto, o más lógico.
 
De esta deducción, llegamos al gran concepto desarrollado por el gran filósofo inglés, explicado en una serie de conferencias llamadas La filosofía del atomismo lógico. En esos discursos, Russell expone el camino para desarrollar un lenguaje ideal, isomórfico, donde nuestro conocimiento puede ser reducido a términos de proposiciones atómicas y sus componentes de función de verdad (lógica matemática). Para Russell el atomismo lógico es una forma radical de empirismo. El filósofo creía que el requerimiento más importante, para tal lenguaje ideal, es que cada proposición significativa se construya con términos que se refieran directamente a los objetos que nos son familiares. Russell excluyó ciertos términos lógicos y formales como "todos" (all), "el" o "la" (the), "es" (is), y así otros, de su requisito isomórfico, pero nunca estuvo completamente satisfecho respecto de nuestra comprensión de tales términos.
 
Uno de los temas centrales del atomismo de Russell es que el mundo consiste de hechos, lógicamente independientes, una pluralidad de hechos, y que nuestro conocimiento depende de los datos de nuestra experiencia directa con ellos.
 
Más tarde en su vida, Russell comenzó a dudar de los aspectos del atomismo lógico, especialmente su principio de isomorfismo, aunque continuó creyendo que la tarea de la filosofía debiera consistir en desmenuzar los problemas en sus componentes más simples, aunque nunca alcanzaríamos la última verdad (hecho) atómica.
 
Precisamente, en este instante de duda en cuanto al método, que honraría al gran Descartes, aparece su gran sucesor en el campo del análisis lingüístico y de la lógica, Wittgenstein. El "Tractatus logico-philosophicus" fue el primer libro escrito por el vienés, así como el único que vio publicado en vida.
 
En el, Wittgenstein expresa su pensamiento  (del llamado "primer período", ya que posteriormente rompió con estos principios). Dentro de la complejidad de la obra, principalmente en ella Ludwig pretende explicar el funcionamiento de la lógica (desarrollada previamente por Gottlob Frege y por Russell, como hemos visto previamente).
 
A diferencia de su maestro, Wittgenstein no trata de entender el atomismo lógico como la única forma llegar al origen del conocimiento/lenguaje (átomo), sino que entiende a la lógica como el andamiaje, o estructura, sobre la cual se levanta nuestro lenguaje descriptivo (nuestra ciencia) y nuestro mundo (que es aquello que nuestro lenguaje o nuestra ciencia describe). Aquí es donde se diferencia su tesis de la de Russell: en su Tractatus, existe esta estrecha vinculación estructural (o formal) entre lenguaje y mundo, hasta tal punto que: "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", pero, a diferencia de Russell, entiende que la reducción al máximo del lenguaje no puede llevarte al entendimiento máximo del mundo, sino a la forma de realizar en tu mente las figuras que te permitan representarlo.
 
En efecto, aquello que comparten el mundo, el lenguaje y el pensamiento es la forma lógica ("logische Form", dice el Tractatus), gracias a la cual podemos hacer figuras del mundo para describirlo.
 
pd: Wittgenstein jamás se consideró parte activa del Círculo de Viena.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Organización de Naciones Unidas: ¿El camino hacia una paz perpetua?

Por Patricia Baños y Sergio Ruiz

Las Naciones Unidas son una organización internacional, fundada en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial, conformada por 51 países, que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad internacional, fomentar entre las naciones relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos.

El nombre de «Naciones Unidas», acuñado por el Presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, se utilizó por primera vez el 1° de enero de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando representantes de 26 naciones aprobaron la «Declaración de las Naciones Unidas» , en virtud de la cual sus respectivos gobiernos se comprometían a seguir luchando juntos contra las Potencias del Eje. El término Eje (Fuerzas del Eje, Eje Roma-Berlín-Tokio) designa el conjunto de países (Alemania, Italia y Japón) que lucharon contra los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
En 1945, representantes de 50 países se reunieron en San Francisco, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, para redactar la Carta de las Naciones Unidas. Los delegados deliberaron sobre la base de propuestas preparadas por los representantes de China, la Unión Soviética, el Reino Unido, y los Estados Unidos en Dumbarton Oaks, Estados Unidos, entre agosto y octubre de 1944.
La Carta fue firmada el 26 de junio de 1945 por los representantes de dichos 50 países. Polonia, que no estuvo representada, la firmó mas tarde y se convirtió en uno de los 51 Estados Miembros fundadores.
Las Naciones Unidas empezaron a existir oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la Carta fuera ratificada por China, Francia, la Unión Soviética, el Reino Unido, los Estados Unidos y la mayoría de los demás signatarios.
El Día de las Naciones Unidas se celebra todos los años en esa fecha.
Los principales objetivos de las Naciones Unidas son muchos, pero a continuación resumiremos algunos de ellos:

Mantener la paz y la seguridad internacionales: Mediante el despliegue de fuerzas de paz y misiones de observación, las Naciones Unidas han conseguido restablecer la calma necesaria para permitir que los procesos de negociación sigan adelante, a la vez que se evita que millones de personas se conviertan en víctimas de los conflictos.

Construir la paz: Desde 1945, las Naciones Unidas han conseguido reconocimiento por haber negociado muchos tratados de paz que han terminado con conflictos regionales. Entre los casos más recientes se incluyen el final de la guerra Irán-Iraq, la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán y el fin de la guerra civil en El Salvador. Las Naciones Unidas han hecho de la diplomacia sosegada la herramienta para evitar guerras inminentes.

Promoción de la democracia: Las Naciones Unidas han hecho posible que personas de muchos países hayan podido participar en elecciones limpias y justas, incluyendo las celebradas en Camboya, Namibia, El Salvador, Eritrea, Mozambique, Nicaragua, Sudáfrica, Kosovo y Timor-Leste. Han proporcionado asesoramiento electoral, asistencia y la supervisión de los resultados

Promoción de los derechos humanos: Desde que se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, las Naciones Unidas han contribuido a aprobar decenas de acuerdos completos en materia de derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales. Mediante la investigación de quejas individuales de abusos de los derechos humanos la Comisión de la ONU para los Derechos Humanos ha atraído la atención mundial hacia casos de tortura, desapariciones y detenciones arbitrarias, y ha conseguido que la presión internacional recaiga en los gobiernos para que mejoren sus cifras en lo relativo a los derechos humanos.

Protección del medio ambiente: Las Naciones Unidas han desempeñado un papel vital en la creación de un programa mundial diseñado para proteger el medio ambiente. La "Cumbre de la Tierra", el Congreso de las Naciones Unidas sobre Desarrollo y Medio Ambiente, celebrado en Río de Janeiro en 1992, tuvo como consecuencia varios tratados sobre la biodiversidad y cambio climático, y todos los países aprobaron el "Programa 21", un programa para promover el desarrollo sostenible o el concepto de crecimiento económico a la vez que se protegen los recursos naturales.


Debido a su singular carácter internacional, y las competencias de su Carta fundacional, la Organización puede adoptar decisiones sobre una amplia gama de temas, y proporcionar un foro a sus 193 Estados Miembros para expresar sus opiniones, a través de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social y otros órganos y comisiones.
La labor de las Naciones Unidas llega a todos los rincones del mundo. La Organización trabaja en una amplia gama de temas fundamentales, desde el desarrollo sostenible, medio ambiente y la protección de los refugiados, socorro en casos de desastre, la lucha contra el terrorismo, el desarme y la no proliferación, hasta la promoción de la democracia, los derechos humanos, la igualdad entre los géneros y el adelanto de la mujer, la gobernanza, el desarrollo económico y social y la salud internacional, la remoción de minas terrestres, la expansión de la producción de alimentos, entre otros, con el fin de alcanzar sus objetivos y coordinar los esfuerzos para un mundo más seguro para las generaciones presentes y futuras.

En medio de la amenaza de guerra nuclear y de conflictos regionales que parecían no tener fin, las misiones de paz se han convertido en una prioridad absoluta de las Naciones Unidas. Durante el proceso, las actividades de los cascos azules se han convertido en el papel más visible de estas actividades asociadas a esta organización mundial.
Las Naciones Unidas y su vasta red de organismos están envueltas, a menudo sin llamar la atención, en una serie amplísima de labores que abarcan todos los aspectos de la vida de la gente de todo el mundo.
Supervivencia y desarrollo de los niños. Protección del entorno. Derechos humanos. Investigación sanitaria y médica. Alivio de la pobreza y desarrollo económico. Desarrollo agrícola y de la industria pesquera. Educación. Planificación familiar. Asistencia en caso de emergencia o desastre. Viajes por mar y aire. Usos pacíficos de la energía atómica. Derechos de los trabajadores. La lista continúa. Aquí les hemos ofrecido una breve lista de lo que las organizaciones de las Naciones Unidas han conseguido desde su fundación en 1945.
Secretaría General:  

Ban Ki-moon (Eumseong, Chungcheong del Norte, 13 de junio de 1944) es un diplomático surcoreano, que actualmente ejerce como el octavo Secretario General de las Naciones Unidas, tras suceder a Kofi Annan el 1 de enero de 2007. El año de su graduación universitaria, se unió al Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur y recibió su primer puesto en Nueva Delhi, India. Durante su carrera en el Ministerio, obtuvo una reputación de modestia y competencia.

Entre enero de 2004 y noviembre de 2006, fungió como Ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Sur. En febrero de 2006, comenzó su campaña para obtener el puesto de secretario general. Aunque inicialmente no se le consideró como un candidato con probabilidades de lograrlo, su puesto en el gobierno surcoreano le permitió viajar a todos los estados miembros del Consejo de Seguridad, cuerpo que recomienda un candidato a la Asamblea General, y así poder adquirir el apoyo necesario.

El 13 de octubre de 2006 fue elegido Secretario General de las Naciones Unidas por aclamación, puesto que comenzó a ejercer el 1 de enero del 2007. El 21 de junio de 2011 fue reelegido para el cargo en el período comprendido entre el 1 de enero de 2012 y el 31 de diciembre de 2016.

¿Una confederación de naciones es la vía hacia una paz duradera y sostenible? ¿Es posible la paz perpetua?

 "La paz no es natural, sino conquista de la voluntad consciente". Kant, en su gran obra "Sobre la paz perpetua" (1795), ya incide en la enorme dificultad que entraña conseguir la paz mundial. Las relaciones pacíficas entre los pueblos, según Kant, se basan en la formulación de una constitución. Esta, ha de ser necesariamente republicana y fundamentada en la libertad de sus miembros, en la dependencia de la legislación y en la igualdad, en cuanto al hecho de ser súbditos, de todos los ciudadanos. Así, para poder declarar una guerra será necesario consultar a todos los súbditos, lo cual dificulta, cree el pensador alemán, que se llegue a declarar efectivamente.

Según el genio de Könnigsberg,  la naturaleza ha empleado la guerra para dispersar a los hombres y que así habiten todo el planeta, pero también para organizar legalmente a los Estados y, por tanto, paradójicamente la guerra se convierte, en manos de la naturaleza, en un instrumento para la paz. En el segundo suplemento, y dado que el sueño de Platón de que los filósofos fueran los gobernantes se mostró imposible, Kant espera que al menos los hombres de gobierno se esfuercen por conocer las opiniones de los filósofos sobre la guerra y la paz, para que las apliquen durante sus gobiernos.

Kant, maestro de maestros en el terreno ético/moral,  trata dicho problema ante la política. Dado que el hombre, en cuanto a su condición de sujeto, no puede dejar de ser moral, el posible conflicto entre ambas debería resolverse siempre en favor de la moral ya que la política se inserta en un nivel posterior. Eso no exime, según su opinón, de la necesidad de una actuación transparente:
"Las acciones referentes al derecho de otros hombres son injustas, si su máxima no admite publicidad".
Apéndice 2
Es decir, que para evitar la guerra, la civilización debe contar con todos y cada uno de sus miembros, asentada en una legislación universal, y que, asímismo, los ciudadanos sean conscientes de que, como se cuenta con ellos y tienen derecho a voto en la toma de decisiones, deben ser "esclavos" de las leyes, como afirmó Cicerón. La paz perpetua sólo es entendible en esos terminos, y si además la actuación de los gobiernos, de cada nación confederada, no se esconde ante los ciudadanos, sino que la transparencia les permite tener una opinión crítica bien formada (educación), les daría unas herramientas formidables para ser jueces. Esta madurez mundial, este crecimiento educativo global, es el camino para que la guerra deje de ser un medio para satisfacer el interés, que, como refleja la cita inicial, es inmanente al ser humano.

Kant resume su propuesta, citando al evangelio:
"Buscad ante todo acercaros al ideal de la razón práctica y a su justicia; el fin que os proponéis –la paz perpetua– se os dará por añadidura"
La paz perpetua es posible y realizable, pero debe empezar porque, cada uno de nosotros, tú o yo, sentemos las bases de nuestras acciones en la búsqueda del bien común (máximas de carácter universal).

jueves, 19 de febrero de 2015

Heidegger como interrogante, nunca como respuesta

Por Luis Fernando Moreno, vía El País

Tres nuevos tomos pertenecientes a la monumental edición de las obras completas de Martin Heidegger (1889-1976), aparecidos en marzo en Alemania, han puesto de actualidad la personalidad y la obra del polémico autor de Ser y tiempo, “protagonista supremo de la filosofía del siglo XX” para muchos, “filósofo nazi” a secas y embaucador para otros. Dichos volúmenes constituyen las primeras entregas de los denominados “cuadernos negros”, las libretas de tapas de hule negro que Heidegger utilizaba para tomar anotaciones relacionadas con su pensar. Comenzó a usar este tipo de cuadernos en 1931 y continuó sirviéndose de ellos hasta poco antes de su muerte. Por voluntad suya, los cuadernos negros solo debían publicarse como colofón de sus obras completas. Custodiados en el Archivo de Marbach, nadie podría leerlos hasta entonces. El hijo no biológico de Heidegger, Hermann, dueño del legado de su padre, mantuvo un celoso silencio sobre el misterio de su contenido; pero también insinuó que, entre pensamientos muy valiosos para interpretar la obra de Heidegger, los cuadernos contenían “respuestas” que aclararían su implicación y ruptura con el nacionalsocialismo. Aparte de esto, ¿revelarían algo más hasta ahora escondido? Y una pregunta candente: ¿era Heidegger antisemita? De ahí que los estudiosos del filósofo y no solo ellos esperasen con expectación la aparición de estos volúmenes. ¿Colmarán tantas expectativas?
Estos tres cuidados tomos contienen la minuciosa transcripción de 14 cuadernos negros titulados ‘Reflexiones’. Hasta los 34 conservados, aún quedan por publicar 20 cuadernos más con títulos como ‘Anotaciones’, ‘Señales’ o ‘Nocturno’, entre otros; saldrán en 6 tomos más que completarán los 102 planeados para culminar la ingente “obra completa” de Heidegger.

Las más de mil seiscientas reflexiones heideggerianas, numeradas en su mayoría, que ahora ven la luz por primera vez, datan del periodo comprendido entre 1931 y 1941; una década maldita para los alemanes y poco halagüeña para Heidegger. Hitler sube al poder en 1933; este mismo año, “el filósofo del ser”, el “rey secreto del pensamiento” —así denominaban al profesor Heidegger sus alumnos— es nombrado rector de la Universidad de Friburgo. En 1939 estalla la II Guerra Mundial y, de fondo, la humillación de los judíos, premonitoria de su exterminio.

El pensador se emocionó con Hitler, creyó que simbolizaba una nueva era que llevaría a los alemanes a la verdad y al orgullo
De manera sorprendente para muchos de sus conocidos que no veían en él a un “nazi”, Heidegger comulgó con los nuevos ostentadores del poder en Alemania; no se reveló ni olfateó el peligro, sino todo lo contrario. Mientras que el filósofo Jaspers, amigo de Heidegger, y tantos jóvenes “heideggerianos” seguidores de sus seminarios —Karl Löwith, Hans Jonas, Günther Anders, Herbert Marcuse o Hannah Arendt— quedaron anonadados por aquel revés político, el nuevo rector se pavoneaba aquí y allá luciendo el águila alemana en la solapa; o posaba para la foto oficial de la Universidad con bigotillo chaplinesco-hitleriano, gesto adusto de führer y ojos de iluminado. En conversación con Jaspers, al expresar este que Hitler no era un hombre de cultura y que bien poco podía esperarse de él, Heidegger le contestó: “Eso no importa, solo mire usted sus hermosas manos”. El “filósofo del comenzar” se emocionó con Hitler, creyó que su advenimiento simbolizaba el inicio de una nueva era que encaminaría a los alemanes a la verdad y al orgullo de su existir.

Heidegger, ampuloso y vacío en su gravedad política, actuó como un pequeño dictador durante el año que ofició de rector: dio un vuelco a la universidad. Creyéndose un nuevo Heráclito, un filósofo fundador y único, llamó a los estudiantes a pensarlo todo de nuevo, a “decidirse” por establecer sabiduría y cultura como valores absolutos a los que debían consagrarse con fanatismo. Los demás profesores y las autoridades nacionalsocialistas no compartían tan temerario afán de renovación y aislaron a Heidegger. Sus anhelos de führer universitario, acaso hasta de nazi iluso, chocaban con la verdad de lo que acontecía por doquier, lo cual no tardó en advertir, tal y como lo confió a sus cuadernos negros. En verdad el triunfo era del partidismo y la burda cultura que imponían los vencedores —una “cultura” de corte “popular”—; triunfaban el “ruido” y la “propaganda” (“arte de la mentira”) —anotó—. La Universidad se hallaba tomada por estudiantes en uniforme de las SA; había que medir las palabras en aquella institución transformada en “escuela técnica”. En suma, Heidegger se desilusionó.

El 28 de abril de 1934 apuntó: “Mi cargo puesto a disposición, ya no es posible una responsabilidad. ¡Que vivan la mediocridad y el ruido!”. Heidegger se enfadó con los nazis, aunque en privado. De pronto vio que el gran peligro que acechaba a la Universidad y por extensión a Alemania lo constituía “esa mediocridad y esa nivelación que dominan sobre todas las cosas”. Le resultaba insoportable que “maestros de escuela asilvestrados, técnicos en paro y pequeñoburgueses acomplejados se erijan en guardianes del pueblo”. En otras anotaciones posteriores —crípticas, como todas las suyas— se interrogaba sobre la valentía del preguntar, tan cara a su filosofía: “¿Por qué falta ahora en el mundo la disposición a saber que no tenemos la verdad y que debemos preguntar de nuevo?”. En la época que vive, anota de nuevo, las ciencias del espíritu se ven sometidas a “una visión política del mundo”, la medicina se convierte en “técnica biologicista”, el derecho es “superfluo” y la teología “carece de sentido”.

Tras el fracaso del rectorado, apartado de la política (“la realpolitik, una prostituta”), Heidegger siguió con sus clases y seminarios. En 1936 inició sus lecciones sobre Nietzsche y comenzó a interpretar la poesía de Hölderlin. En los cuadernos negros de 1938 y 1939 ambos autores están omnipresentes; el filósofo veía en ellos a los portadores de “verdades” que los alemanes no entienden. Incomprendidos y solitarios, se sentía afín a sus destinos: Alemania, “pueblo de pensadores y poetas”, no sabe como “pueblo” apreciar a sus pensadores y poetas. Entretanto, estalla la guerra. Heidegger, recluido en su cabaña alpina de Todtnauberg, se concentró en sus especulaciones sobre el “ser-ahí” o Dasein inmerso en los entes y ayuno del “Ser”. En sus notas jamás vemos un yo personal que exprese sentimientos; Heidegger se muestra frío y dramático, sin un ápice de humor; solo abstracción y torsión de las ideas salían de su pluma.
Algunas entradas consignadas en 1941, de eco antisemita, han levantado ampollas en la prensa internacional. Heidegger, quien jamás se pronunció sobre el Holocausto, rechazaba las teorías raciales tachándolas de “mero biologicismo”, pero también escribió que “… los judíos, dado su acentuado don calculador, viven desde hace mucho según el principio racial; de ahí que ahora se opongan con tanto ahínco a su aplicación”. Otras reflexiones sostienen que “judaísmo”, “bolchevismo”, “nacionalsocialismo” y “americanismo” son estructuras supranacionales que forman parte del ilimitado poder de una “maquinación” universal —“Machenschaft”—, a la que solo mueven “intereses” que han causado la guerra mundial. La guerra es la consumación de “la técnica”; su último acto será “la explosión en pedazos de la tierra y la desaparición de la humanidad”. Tal desenlace no sería una “desgracia”, escribe el filósofo, “porque el Ser quedaría limpio de sus profundas deformidades causadas por la supremacía de los entes”. En otra anotación, Heidegger sentencia: “Al hombre espiritual activo solo le quedan hoy dos posibilidades: estar en el puente de mando de un dragaminas o volver el barco del más extremo preguntar hacia la tormenta del Ser”. Él optó por lo segundo.

Al final de la guerra, en 1945, a Heidegger lo enrolan en las milicias populares para la defensa de Friburgo, pero el Reich capituló antes de que pudiera trabar combate; su lucha particular sobrevino después. Tachado de nazi, los aliados le prohibieron dar clases. Lo que más disgustó a la comisión que juzgó su adhesión al nacionalsocialismo fue la ausencia de arrepentimiento por parte del afamado profesor. Se mostró distante, mudo. Cuando de nuevo le llegó la fama, en vez de decir algo contundente sobre su pasado o sobre los crímenes nazis, siguió guardando silencio. Hannah Arendt exculpó su mutismo destacando su falta de carácter y su cobardía. Pero ¿de verdad había algo sustancial detrás de semejante callar? ¿Podía un filósofo tan abstracto dar respuestas claras? (“Toda pregunta, un placer; toda respuesta, un displacer”, poetizó). Se necesitará un estudio profundo de estos cuadernos negros para determinar si las reflexiones que contienen aportan luz en las tinieblas heideggerianas. Para empezar, una sentencia luminosa del propio Heidegger: “El errar es el regalo más escondido de la verdad”

miércoles, 4 de febrero de 2015

La dimisión del humanismo


Por Sergio Ruiz

Hannah Arendt sostenía que la irracionalidad de los totalitarismos venía provocada por el terror. El odio en el corazón de los hombres era tal, que las decisiones racionales carecían de lugar. Cuando más judíos exterminaron los nazis fue cuando tenían perdida la 2ª Guerra Mundial. Su obra, “Los orígenes del totalitarismo”, es de obligada lectura en este sentido.

Arendt cubrió, como enviada especial del Diario New Yorker, el juicio del líder nazi Adolf Eichmann, que tuvo lugar en Jerusalén (1961). Filósofa judía, de origen alemán, exiliada en Estados Unidos, Arendt era una de las personas más adecuadas para escribir un reportaje acerca de dicho procedimiento al miembro de las SS, responsable de la solución final.

Arendt no dejaba a nadie indiferente. Sus artículos tenían grandes apoyos (el poeta estadounidense Robert Lowell o el filósofo alemán Karl Jaspers, maestro de Arendt, afirmaron que eran una obra maestra), mientras que en muchos más provocaron indignación e ira. La filósofa publicó esos reportajes en forma de libro con el título "Eichmann en Jerusalén" y lo subtituló "Sobre la banalidad del mal", lo cual no hizo sino reforzar el resentimiento entre varias asociaciones judías estadounidenses e israelíes.

Para profundizar más en Arendt, es indispensable conocer qué fue exactamente lo que detectó en Eichmann. Gracias a Monika Zgustova (*) nos es posible:

“Tres fueron los temas de su ensayo que indignaron a los lectores. El primero, el concepto de la “banalidad del mal”, que ya hemos recalcado. Mientras que el fiscal en Jerusalén, de acuerdo con la opinión pública, retrató a Eichmann como a un monstruo al servicio de un régimen criminal, como a un hombre que odiaba a los judíos de forma patológica y que fríamente organizó su aniquilación, para Arendt no era un demonio, sino un hombre normal con un desarrollado sentido del orden que había hecho suya la ideología nazi, que no se entendía sin el antisemitismo, y, orgulloso, la puso en práctica. Arendt insinuó que Eichmann era un hombre como tantos, un disciplinado, aplicado y ambicioso burócrata: no un Satanás, sino una persona “terriblemente y temiblemente normal”; un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir".

Hannah Arendt, por tanto, explicaba que Eichmann no era un ser irracional, sino todo lo contrario. Perfectamente capaz en sus decisiones y consciente de lo que hacía, un burócrata que se lavaba las manos ante el hecho de matar a miles de judíos en los últimos tiempos del nazismo, cuando todo estaba perdido. Eichmann creía en lo que hacía, en el valor de la ideología que defendía; que detrás de esas barbaridades, había algo digno como fin.

“Arendt resaltó la rebelión de Eichmann contra las órdenes de Himmler quien, al aproximarse la derrota, recomendó un mejor trato a los judíos, mientras que Eichmann “se esforzó por hacer que la solución final lo fuera realmente”, escribió Arendt. La filósofa dibujó un minucioso retrato de Eichmann como un burgués solitario cuya vida estaba desprovista del sentido de la trascendencia, y cuya tendencia a refugiarse en las ideologías le llevó a preferir la ideología nacionalsocialista y a aplicarla hasta el final. “Lo que quedó en las mentes de personas como Eichmann”, dice Arendt, “no era una ideología racional o coherente, sino simplemente la noción de participar en algo histórico, grandioso, único”. El Eichmann de Arendt es un hombre que, engañándose y convenciéndose a sí mismo, está persuadido de que sus sangrientas acciones manifiestan su virtud”

Hoy, más de medio siglo después, nos enfrentamos a una nueva amenaza: el yihadismo. El Estado Islámico es el actual régimen totalitario, terrorista, antisemita. Al igual que el miembro de la SS, los partícipes se sienten legitimados, e impunes, para obrar como hacen por una causa mayor, ulterior a ellos mismos. Al igual que expresa Arendt, hay muchos que son adoctrinados y fáciles de manipular para la causa, debido a la falta educación. Sin embargo, como explica la banalidad del mal, también los hay perfectamente preparados, cultos y con un profundo conocimiento de política, de historia, de filosofía… Estos líderes o ideólogos son los que saben hacer llegar el mensaje, los que tejen los hilos detrás de los “locos” que vemos inmolarse, y los que hacen del Islam un arma de destrucción, como se hizo del cristianismo o se aprovechó el nazismo del sentimiento de humillación que arrastraba el pueblo alemán tras la 1ª Guerra Mundial.

Abu Bakr Al-Baghdadi, Califa del Estado Islámico (califa, líder religioso) tiene cuidado al milímetro cuando debe aparecer y cuándo no. Qué imagen ofrece y, por supuesto, cual es el mensaje que debe dar a sus “fieles”. Es hora de hacer frente al terror, de denunciarlo y de analizar los aspectos más oscuros del ser humano. No podemos permitir que la irracionalidad domine el corazón de los hombres, ni dejar que estos crímenes queden en el olvido. Es el momento de hacer apología de la democracia, de que los gobiernos se decidan a actuar con fuerza y determinación contra el terror.

 “Lo único necesario para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”, dijo Edmund Burke. Los asesinatos de Charlie Hebdo, las matanzas de Boko Haram o el asesinato del piloto jordanio deben terminar con el “Eichmann” del Estado Islámico sentado en el juzgado, pagando por sus crímenes contra la humanidad. Para lograrlo, la resolución debe ser máxima, irreductible. Si dejamos que el mal gane, si aceptamos que nuestra humanidad dimita, entonces estaremos adimitiendo que, seguramente, no nos mereceremos estar aquí.

http://elpais.com/elpais/2013/07/25/opinion/1374764105_218903.html

(*) Monika Zgustova es escritora. Su última novela es La noche de Valia (Destino).

viernes, 23 de enero de 2015

¿Qué debo hacer?

Por Sergio Ruiz.

Immanuel Kant (Königsberg, Prusia, 22 de abril de 1724 – Königsberg, 12 de febrero de 1804), seguramente el filósofo más trascendente en el campo de la ética y la moral. Además, ciencia, derecho, teología o historia son algunos de los campos que también se vieron recompensadas con sus publicaciones y estudios.
 
Kant publicó sus grandes obras a una edad tardía, sobrepasados los 50. Hombre de unas constumbres férreas y rutinarias, escribió tres grandes obras, las "Críticas": la primera dedicada a la metafísica como ciencia, en donde se pregunta ¿qué puedo conocer? La segunda dedicada a la ética (junto a "Fundamentación para una metafísica de las costumbres", sus dos grandes aportaciones al campo de nuestro deber), la tercera a la teleogía y estética (¿qué me cabe esperar?).
 
La gran pregunta que nos acerca Kant, y se planteó para establecer uno de los principios éticos más relevantes de la historia, fue tan simple como farragosa: ¿Qué debo hacer?
 
Dentro de su primera gran obra ética, la "Fundamentación", en donde el filósofo prusiano resuelve esta cuestión, encontramos el archiconocido imperativo categórico.*
 
"Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal"
 
"Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio"
 
"Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines"
 
 
Kant, por tanto,tiene claro que el hombre debe buscar el bien (máximas), pero ¿qué es bueno y qué es malo? Bueno es todo aquello que, si lo aplico hacia los demás, quiero que sea de igual condición para conmigo. Veamos, si yo robo, ¿qué ventaja obtengo? Lo robado, ¿correcto? Bien, entonces si todos robásemos, yo perdería lo obtenido, porque también habría hurto sobre mi persona. Eso es lo que Kant define como malo. Ahora vayámonos al otor extremo: si yo soy caritativo, luego querré que las demás personas lo sean conmigo, ¿verdad? Entonces, afirma el genio de Königsberg, eso es bueno. Ergo, las máximas deben ir orientadas hacia una única finalidad: hacer el bien.
 
Dentro de estas medidas para "hacer el bien", no está el objetivizar a las personas (medio para un fin, en clara alusión a Maquiavelo, "el fin justifica los medios"), pues, como hemos explicado antes, uno como individuo no querrá que suceda para sí. No es una máxima, por tanto.

La universalidad ética de tus acciones es necesaria. Para lograrlo, Kant detecta un nuevo obstáculo: el interés. ¿Cómo conseguir actuar, buscando el bien común, si yo, como individuo, tengo un interés propio? En otras palabras, ¿como ser universal a través de mi máxima, si yo, ente subjetivo, me pongo por delante de los demás? Precisamente el hecho de ser un imperativo categórico. Uno puede esgrimir que el bien común no tiene porque ser de su interés (ergo, no es universal), por tanto esos imperativos serían hipotéticos. Como hemos explicado, los categóricos deben ser de debido cumplimiento por todos los seres humanos, y para ellos deben ser desinteresados. ¿Cómo puedes lograr que no haya interés por medio? Mediante la universalidad, en donde tú, sujeto, dejas que el objeto (el bien común) sea el fin último, es decir, tu máxima.

Kant, en su gran obra metafísica, "Crítica de la razón pura", explica el giro que debe llevar a cabo el conocimiento científico, con respeto a la teoría antropocentrista, desarrollada principalmente en el Renacimiento, y recogida por La Ilustración. Siguiendo el símil del astrónomo Copérnico, que afirmaba que el Sol, y no La Tierra, era el centro del universo (el Sistema Solar), esgrime Immanuel que el hombre, dada sus condición natural de ser finito, debe dejar a un lado la idea extendida de que es el centro de todo, sino, al igual que nuestro planeta, que debe "girar" alrededor de la gran estrella, el centro de todo, el objeto.


* Posteriormente, Kant desarrolla su ética y moral en su obra magna en este campo, la
"Crítica de la razón práctica"

viernes, 16 de enero de 2015

¿Qué es el valor?

Por Sergio Ruiz

"Cínico es aquel que conoce el precio de todo, pero no da valor a nada", Óscar Wilde

El concepto de valor a lo largo de la historia ha sido muy diferente. En la época de los romanos, antes de acuñarse la moneda, la sal era el objeto de intercambio habitual. Compartía el rol social que hoy día tiene el dinero.

En la sociedad actual, especialmente con la hegemonía del capitalismo, se tiende a asociar valor a cualquier objeto o servicio útil. La forma de expresar ese valor es el dinero. En una realidad en donde el poder hegemónico es la Economía, vamos a comprobar qué entendían ellos por dicha idea.

Adam Smith

Entendía que el trabajo era la calidad de medida exacta para cuantificar el valor. Para él, consistía en la cantidad de trabajo que uno podía recibir a cambio de su mercancía. Los bienes podían aumentar de valor, pero lo que siempre permanece invariable es el trabajo. En otras palabras, el desgaste de energía para producirlos, siendo entonces el trabajo el patrón definitivo e invariable del valor. Se trata de la teoría del valor comandado o adquirido.

Si bien no era el factor determinante de los precios, estos oscilaban hacia su precio de producción gracias al juego de la oferta y la demanda. Esto nos quiere decir que todo bien producido necesariamente contiene trabajo, este trabajo es la fuerza de los hombres que han interactuado en el proceso de producción de dicho bien, o sea que en todo bien se vende la fuerza de trabajo (de cada hombre que interactuó en el proceso de producción).


Adam Smith no logra explicar correctamente, según la teoría del valor trabajo, los conceptos de beneficio y renta. Además, la venta de la fuerza humana no era percibida por un comprador común, por lo que se torna insostenible dicha teoría, lo que lo lleva a desarrollar una segunda: Teoría de los costes de producción o "suma de costos de producción". Esta consiste en que el valor de cambio de un bien depende del gasto invertido en el mismo, tanto en la remuneración del trabajo como de las ganancias (representadas por la tasa de ganancia multiplicada por el capital invertido).

David Ricardo


En este intento por definir el significado del concepto valor, este economista inglés intentó salvar la teoría del valor por tiempo de trabajo. Para ello, sostuvo que las ganancias y las rentas eran deducciones del porcentaje destinado a salarios. Sin embargo, finalmente terminaría aceptando como "excepcional" (sin explicarla) una situación que luego se demostraría como regla: que la igualdad de las tasas de beneficio lleva a que un cambio, en el capital invertido, no reduce el porcentaje destinado a salarios, sino que aumenta el valor total del bien.

John Stuart Mill

 
Economista y filósofo, seguidor del utilitarismo, iniciado por Bentham. Dio por aceptada la teoría del valor como costos de producción, lo que representó el culmen de la economía política clásica; paradigma dominante hasta fines del siglo XIX. Ésta sería enfrentada por Karl Marx, en un nuevo intento de revivir la teoría del valor trabajo mediante fundamentos propios de la economía clásica (en ésta encontraría la mejor explicación de la sociedad mercantil, pero a la vez también del inevitable colapso del capitalismo).

Karl Marx

Distinta a las teorías del valor trabajo de los demás economistas, su definición forma parte de la base fundamental para entender el modo de producción capitalista. La diferencia de la teoría del valor de Marx es que aúna el carácter histórico y el social. Sólo se aplica a las economías mercantiles (la economía capitalista es un tipo de economía mercantil, por lo cual tiene lugar). El trabajo no es valor por naturaleza, es lo que produce valor exclusivamente por la organización social en el cual es empleado. Una característica intrínseca del trabajo es producir, crear, transformar, pero el hecho de que el valor de las mercancías se mida por el tiempo de trabajo empleado en ellas, se debe a la estructura social y las relaciones sociales de producción.

De aquí, parte Marx para desarrollar la Teoría Laboral del Valor (TLV):

El valor de las mercancías

Una mercancía es un objeto o servicio por cuyas características satisface necesidades, ya sean reales o imaginarias. La mercancía es el producto que solo existe en las sociedades mercantiles. En el capitalismo, por ser la economía mercantil más compleja y desarrollada, la producción se presenta como mercancía. Las sociedades mercantiles tienen como principal característica la producción, no para la satisfacción propia, sino para el intercambio. Las características de la mercancía son el valor de uso y el valor de cambio.

Valor de uso: capacidad de un objeto o servicio de satisfacer alguna necesidad.  Un objeto es útil (funcional) si puede satisfacer la necesidad de alguna persona. Marx sostenía que los valores de uso producidos en el capitalismo eran valores concretos, pues responden a cualidades físicas sensibles de las mercancías, por ejemplo, las propiedades nutritivas del trigo. Sin embargo, esta individualidad y preponderancia de las cuestiones cualitativas no es la única que responde a las mercancías; por el contrario, Marx afirma que las mercancías se revisten en una doble forma; en el valor de cambio, en vez de ser la mercancía un valor concreto e individual, pasa a ser un valor abstracto y social, y aquí veremos el motivo.

Valor de cambio: que "x" cantidad de la mercancía A sea igual a "y" cantidad de la mercancía B significa que algo hace equivalentes a ambas cantidades de mercancías diferentes. Lo que las hace comparables, medibles, es la sustancia del valor. Esta hace abstracción de la utilidad de un objeto porque es una característica cuantitativa, no una cualitativa como el valor de uso. La sustancia del valor es el trabajo socialmente necesario para producir cierta cantidad de una mercancía con las condiciones medias de trabajo. La magnitud del valor es la magnitud de la sustancia del valor, que es el tiempo de trabajo invertido en la mercancía, por ejemplo: si "x" cantidad de hierro es igual a "n" cantidad de pan, es porque, el tiempo necesario para producir "n" cantidad de pan y "x" cantidad de trigo es el mismo.


El tiempo de trabajo socialmente necesario es aquel que se realiza bajo la fuerza productiva del trabajo y la intensidad del trabajo promedio. La fuerza productiva del trabajo depende de varios factores: la destreza del obrero, el desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas, las condiciones naturales, etc. Por lo tanto, los valores varían según las sociedades pues dependen del desarrollo tecnológico, el desarrollo de la división del trabajo, entre otras cosas, todas determinadas por factores objetivos externos, como el clima, la posición geográfica, el acceso a los recursos, etcétera.

El valor de uso y valor se deben al carácter bifacético (dual) del trabajo. El trabajo es útil porque transforma materias primas y las convierte en cosas útiles, como convierte el hombre una semilla en un cítrico, o el mineral de hierro en utensilios y herramientas. El trabajo abstracto es el gasto de trabajo humano indiferenciado y hace que las mercancías sean comparables entre sí. El trabajo abstracto puede ser simple, es decir, no requiere ninguna destreza o conocimiento especial o complejo (que requiere un aprendizaje o práctica especial). Una cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad de trabajo simple mayor.
 
El valor de la fuerza de trabajo

En el modo de producción capitalista la fuerza de trabajo, que es la capacidad de realizar alguna actividad laboral ya sea física o intelectual, es la única propiedad de unas personas (trabajadores asalariados). Por ser la capacidad de trabajar, es una mercancía especial que solo pueden desempeñar los seres humanos.

Al igual que el valor de cualquier mercancía, el valor de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Esta se encuentra determinada por el valor de las mercancías que consume el trabajador, las mercancías que constituyen las necesidades promedio de una sociedad en una época en particular. Las necesidades van cambiando conforme cambie la sociedad por lo cual incluyen: alimentación, vivienda, transporte, entretenimiento,etc.

La teoría de Marx, sin embargo, chocaría nuevamente con el problema de la relación entre la igualación de las tasas de beneficio; así como las variaciones de los precios resultantes en relación con la proporción del capital fijo invertido, que permanecería irresuelto hasta el presente (el debate sobre su solución continúa al día de hoy entre las diferentes corrientes de economistas marxistas).

jueves, 15 de enero de 2015

Darwin y la piedra filosofal

Por Sergio Ruiz (Ética y moral).

Selección natural: “La diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de las sucesivas generaciones”.

Esto explicó el naturalista británico, Charles Darwin, allá por el siglo XIX. Con esta novedosa teoría, trató de explicar el porqué de que nosotros, los humanos, habíamos conseguido llegar a ser la especie dominante;  no cualquiera de las miles que pueblan el planeta. Una época que nada tiene que ver con lo que es nuestra civilización.

Hoy, en pleno siglo XXI, con la globalización, el concepto de diversidad está más arraigado que nunca a lo largo de la Historia: etnias y razas, estatus y roles económicos/sociales, diferentes religiones, culturas, o formas de acceder, e incluso entender, el conocimiento.

Tras el nacimiento de los estados-nación, junto al asentamiento del capitalismo, se puede atisbar que la diversidad entre los humanos empezó a ser más fuerte que lo que nos une como especie. En Veritas, queremos marcar la diferencia con este sentir general. Pensamos en lo que ricos y pobres, oriundos de Moscú o Sydney, tienen en común. Queremos recuperar los valores que, como seres humanos, seguramente hemos dejado atrás. Evolucionar significa avanzar, sí, pero no significa hacerlo solo. No existe progreso sin colaboración, ni innovación sin trabajo; recuerda, tuyo y de los que están a tu alrededor.

La evolución que ha llevado al Australopithecus, hace más de 4 millones de años, a ser hoy un Homo
Sapiens, no la hizo un único hombre u homínido, requirió de todos nosotros. De la misma forma que Darwin sabía que la naturaleza conlleva evolución y selección natural, en Veritas tenemos presente que debemos crecer para no quedarnos atrás.

No queremos ser dinosaurios. No tengamos miedo al progreso, ni veamos los avances como un retroceso, guiados por los prejuicios. "La supervivencia del más apto", acuño Darwin como sinónimo de selección natural, tomándolo del filósofo británico Spencer. El trabajo de uno conllevó la evolución del otro. Siempre es más fácil crecer gracias a la puesta en común del conocimiento.
 
La piedra filosofal es una sustancia legendaria, según antiguas creencias de magos y alquimistas, capaz de transmutar cualquier metal en oro, curar cualquier enfermedad, prolongar la vida e, incluso, otorgar la inmortalidad. Darwin logró dar con ella en “El Origen de las Especies”. Cambió el modo de entender la Historia, la naturaleza y al ser humano. Se pasó de la ignorancia más plomiza al conocimiento más resplandeciente. Gracias a ello, es inmortal.


En Veritas, hemos afrontado este ilusionante proyecto, aún a sabiendas de que encontrar nuestra roca mágica es una tarea ardua y costosa. Creemos firmemente en las personas, en el lado bueno que a veces se nos oculta, de igual forma que la luna muchas veces no nos deja ver su rostro. Si nos detenemos un instante a pensarlo, gracias a JK Rowling sabemos que Harry Potter encontró la suya. Gracias a Darwin sabemos que la evolución es una realidad y, por ello, ha pasado a los anales de la Historia.  ¿Qué nos detiene? ¿A qué estamos esperando? Haz de lo más mundano algo innovador y transgresor. Piensa en la manera de que el agua llegue a ser vino. No te conformes en contemplar el cambio, hazlo evolucionar.

"Convierte tu muro en un peldaño", Rilke

lunes, 12 de enero de 2015

Más allá de nuestros sueños

Por Sergio Ruiz

¿No has alzado alguna vez la vista hacia las estrellas mientras te cuestionas de dónde venimos? ¿Nunca te has preguntado por el papel del ser humano en esa vasta existencia que se atisba en el firmamento? ¿Cuántos de nosotros hemos podido disfrutar de los mundos de Blade Runner, Star Wars o ET? ¿Qué niño no se ha emocionado con Buzz Lightyear y su “hasta el infinito y más allá”?

En Veritas también nos hemos hecho estos interrogantes. Grandes hombres, a lo largo de la historia, no sólo han tenido algunas de estas dudas. Además, han tenido la osadía de dar rienda suelta a su talento, espíritu aventurero e innovador. Gracias a ellos, nos han llevado a los rincones más inhóspitos, desconocidos e incluso temidos para el ser humano. Si el capitán Kirk tenía el  Enterprise para investigar los rincones más lejanos del universo, dichos visionarios se han valido a lo largo de la historia de una nave común a la par que formidable. Resistente ante cualquier amenaza, inmune al espacio, al tiempo e incluso al poder de la gravedad: la imaginación. 


Del mismo modo que Verne visualizaba al hombre alcanzar la Luna, HG Wells fantaseaba con Marte o Phillip Dick se preguntaba si los androides soñaban con ovejas eléctricas, en Veritas nos permitimos la licencia de soñar. No nos conformamos con el presente, no aceptamos que lo establecido es el único camino. Con rigor, honestidad y un sentido ávido de la integridad, creemos que la innovación, la pluralidad y la independencia a la hora de informar, son aspectos aún rescatables y no una batalla perdida. Como podréis comprobar, en este rincón de análisis y sentido crítico nada se dará por sentado ni será suficiente. Sentimos la imperiosa necesidad de reinventarnos constantemente. 

A través de nuestra nave Imaginación, escoltada por sus fieles verdad y rigor, queremos colonizar esos mundos tan complejos e intimidatorios llamados información, interpretación y opinión. Ahora bien, sin todos y cada uno de vosotros, este reto ni tiene sentido, ni puede llevarse a cabo. Os necesitamos a bordo en este viaje, ¿o acaso pensáis que Kirk podría seguir adelante por las galaxias más lejanas sin su inseparable Spoke?

Lo que antaño fueron los sueños de grandes visionarios, hoy forman parte de nuestros libros de historia, parrilla de nuestros informativos o portada de nuestros periódicos. El futuro que Kubrik imaginó para 2001 ya es pasado. El que Nolan nos dibuja en Interstellar, dejará de serlo más pronto que tarde. En Veritas no nos preocupa la meta, sino el camino. Para ir dando pasos sólidos y consistentes, seguiremos siendo inconformistas, no cesaremos en la búsqueda de lo imposible, anhelaremos alcanzar el infinito, soñaremos con llegar más allá de nuestros sueños.