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martes, 27 de octubre de 2015

La Eurocámara sanciona a dos eurodiputados por apología del nazismo

El Parlamento Europeo ha anunciado la suspensión de actividad durante de diez días y la imposición de una multa de 3.000 euros a dos eurodiputados, el polaco Janusz Korwin-Mikke y el italiano Gianluca Buonanno, por hacer apología del nazismo en el Hemiciclo.

jueves, 19 de febrero de 2015

Heidegger como interrogante, nunca como respuesta

Por Luis Fernando Moreno, vía El País

Tres nuevos tomos pertenecientes a la monumental edición de las obras completas de Martin Heidegger (1889-1976), aparecidos en marzo en Alemania, han puesto de actualidad la personalidad y la obra del polémico autor de Ser y tiempo, “protagonista supremo de la filosofía del siglo XX” para muchos, “filósofo nazi” a secas y embaucador para otros. Dichos volúmenes constituyen las primeras entregas de los denominados “cuadernos negros”, las libretas de tapas de hule negro que Heidegger utilizaba para tomar anotaciones relacionadas con su pensar. Comenzó a usar este tipo de cuadernos en 1931 y continuó sirviéndose de ellos hasta poco antes de su muerte. Por voluntad suya, los cuadernos negros solo debían publicarse como colofón de sus obras completas. Custodiados en el Archivo de Marbach, nadie podría leerlos hasta entonces. El hijo no biológico de Heidegger, Hermann, dueño del legado de su padre, mantuvo un celoso silencio sobre el misterio de su contenido; pero también insinuó que, entre pensamientos muy valiosos para interpretar la obra de Heidegger, los cuadernos contenían “respuestas” que aclararían su implicación y ruptura con el nacionalsocialismo. Aparte de esto, ¿revelarían algo más hasta ahora escondido? Y una pregunta candente: ¿era Heidegger antisemita? De ahí que los estudiosos del filósofo y no solo ellos esperasen con expectación la aparición de estos volúmenes. ¿Colmarán tantas expectativas?
Estos tres cuidados tomos contienen la minuciosa transcripción de 14 cuadernos negros titulados ‘Reflexiones’. Hasta los 34 conservados, aún quedan por publicar 20 cuadernos más con títulos como ‘Anotaciones’, ‘Señales’ o ‘Nocturno’, entre otros; saldrán en 6 tomos más que completarán los 102 planeados para culminar la ingente “obra completa” de Heidegger.

Las más de mil seiscientas reflexiones heideggerianas, numeradas en su mayoría, que ahora ven la luz por primera vez, datan del periodo comprendido entre 1931 y 1941; una década maldita para los alemanes y poco halagüeña para Heidegger. Hitler sube al poder en 1933; este mismo año, “el filósofo del ser”, el “rey secreto del pensamiento” —así denominaban al profesor Heidegger sus alumnos— es nombrado rector de la Universidad de Friburgo. En 1939 estalla la II Guerra Mundial y, de fondo, la humillación de los judíos, premonitoria de su exterminio.

El pensador se emocionó con Hitler, creyó que simbolizaba una nueva era que llevaría a los alemanes a la verdad y al orgullo
De manera sorprendente para muchos de sus conocidos que no veían en él a un “nazi”, Heidegger comulgó con los nuevos ostentadores del poder en Alemania; no se reveló ni olfateó el peligro, sino todo lo contrario. Mientras que el filósofo Jaspers, amigo de Heidegger, y tantos jóvenes “heideggerianos” seguidores de sus seminarios —Karl Löwith, Hans Jonas, Günther Anders, Herbert Marcuse o Hannah Arendt— quedaron anonadados por aquel revés político, el nuevo rector se pavoneaba aquí y allá luciendo el águila alemana en la solapa; o posaba para la foto oficial de la Universidad con bigotillo chaplinesco-hitleriano, gesto adusto de führer y ojos de iluminado. En conversación con Jaspers, al expresar este que Hitler no era un hombre de cultura y que bien poco podía esperarse de él, Heidegger le contestó: “Eso no importa, solo mire usted sus hermosas manos”. El “filósofo del comenzar” se emocionó con Hitler, creyó que su advenimiento simbolizaba el inicio de una nueva era que encaminaría a los alemanes a la verdad y al orgullo de su existir.

Heidegger, ampuloso y vacío en su gravedad política, actuó como un pequeño dictador durante el año que ofició de rector: dio un vuelco a la universidad. Creyéndose un nuevo Heráclito, un filósofo fundador y único, llamó a los estudiantes a pensarlo todo de nuevo, a “decidirse” por establecer sabiduría y cultura como valores absolutos a los que debían consagrarse con fanatismo. Los demás profesores y las autoridades nacionalsocialistas no compartían tan temerario afán de renovación y aislaron a Heidegger. Sus anhelos de führer universitario, acaso hasta de nazi iluso, chocaban con la verdad de lo que acontecía por doquier, lo cual no tardó en advertir, tal y como lo confió a sus cuadernos negros. En verdad el triunfo era del partidismo y la burda cultura que imponían los vencedores —una “cultura” de corte “popular”—; triunfaban el “ruido” y la “propaganda” (“arte de la mentira”) —anotó—. La Universidad se hallaba tomada por estudiantes en uniforme de las SA; había que medir las palabras en aquella institución transformada en “escuela técnica”. En suma, Heidegger se desilusionó.

El 28 de abril de 1934 apuntó: “Mi cargo puesto a disposición, ya no es posible una responsabilidad. ¡Que vivan la mediocridad y el ruido!”. Heidegger se enfadó con los nazis, aunque en privado. De pronto vio que el gran peligro que acechaba a la Universidad y por extensión a Alemania lo constituía “esa mediocridad y esa nivelación que dominan sobre todas las cosas”. Le resultaba insoportable que “maestros de escuela asilvestrados, técnicos en paro y pequeñoburgueses acomplejados se erijan en guardianes del pueblo”. En otras anotaciones posteriores —crípticas, como todas las suyas— se interrogaba sobre la valentía del preguntar, tan cara a su filosofía: “¿Por qué falta ahora en el mundo la disposición a saber que no tenemos la verdad y que debemos preguntar de nuevo?”. En la época que vive, anota de nuevo, las ciencias del espíritu se ven sometidas a “una visión política del mundo”, la medicina se convierte en “técnica biologicista”, el derecho es “superfluo” y la teología “carece de sentido”.

Tras el fracaso del rectorado, apartado de la política (“la realpolitik, una prostituta”), Heidegger siguió con sus clases y seminarios. En 1936 inició sus lecciones sobre Nietzsche y comenzó a interpretar la poesía de Hölderlin. En los cuadernos negros de 1938 y 1939 ambos autores están omnipresentes; el filósofo veía en ellos a los portadores de “verdades” que los alemanes no entienden. Incomprendidos y solitarios, se sentía afín a sus destinos: Alemania, “pueblo de pensadores y poetas”, no sabe como “pueblo” apreciar a sus pensadores y poetas. Entretanto, estalla la guerra. Heidegger, recluido en su cabaña alpina de Todtnauberg, se concentró en sus especulaciones sobre el “ser-ahí” o Dasein inmerso en los entes y ayuno del “Ser”. En sus notas jamás vemos un yo personal que exprese sentimientos; Heidegger se muestra frío y dramático, sin un ápice de humor; solo abstracción y torsión de las ideas salían de su pluma.
Algunas entradas consignadas en 1941, de eco antisemita, han levantado ampollas en la prensa internacional. Heidegger, quien jamás se pronunció sobre el Holocausto, rechazaba las teorías raciales tachándolas de “mero biologicismo”, pero también escribió que “… los judíos, dado su acentuado don calculador, viven desde hace mucho según el principio racial; de ahí que ahora se opongan con tanto ahínco a su aplicación”. Otras reflexiones sostienen que “judaísmo”, “bolchevismo”, “nacionalsocialismo” y “americanismo” son estructuras supranacionales que forman parte del ilimitado poder de una “maquinación” universal —“Machenschaft”—, a la que solo mueven “intereses” que han causado la guerra mundial. La guerra es la consumación de “la técnica”; su último acto será “la explosión en pedazos de la tierra y la desaparición de la humanidad”. Tal desenlace no sería una “desgracia”, escribe el filósofo, “porque el Ser quedaría limpio de sus profundas deformidades causadas por la supremacía de los entes”. En otra anotación, Heidegger sentencia: “Al hombre espiritual activo solo le quedan hoy dos posibilidades: estar en el puente de mando de un dragaminas o volver el barco del más extremo preguntar hacia la tormenta del Ser”. Él optó por lo segundo.

Al final de la guerra, en 1945, a Heidegger lo enrolan en las milicias populares para la defensa de Friburgo, pero el Reich capituló antes de que pudiera trabar combate; su lucha particular sobrevino después. Tachado de nazi, los aliados le prohibieron dar clases. Lo que más disgustó a la comisión que juzgó su adhesión al nacionalsocialismo fue la ausencia de arrepentimiento por parte del afamado profesor. Se mostró distante, mudo. Cuando de nuevo le llegó la fama, en vez de decir algo contundente sobre su pasado o sobre los crímenes nazis, siguió guardando silencio. Hannah Arendt exculpó su mutismo destacando su falta de carácter y su cobardía. Pero ¿de verdad había algo sustancial detrás de semejante callar? ¿Podía un filósofo tan abstracto dar respuestas claras? (“Toda pregunta, un placer; toda respuesta, un displacer”, poetizó). Se necesitará un estudio profundo de estos cuadernos negros para determinar si las reflexiones que contienen aportan luz en las tinieblas heideggerianas. Para empezar, una sentencia luminosa del propio Heidegger: “El errar es el regalo más escondido de la verdad”

miércoles, 28 de enero de 2015

Auschwitz, la terrorífica apoteosis del terror nazi

Vía ABC

Setenta años se cumplen de una fecha inolvidable para los hombres de bien: la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por los soldados del Ejército Rojo. Curiosamente, tuvieron que ser las tropas de otro régimen de terror, el estalinista (que a esas horas hacía lo mismo con sus represaliados en el Gulag siberiano) los que abrieran (o cerraran, según cómo se mire) las puertas de ese antro del mal donde miles y miles de personas fueron cruelmente asesinadas y martirizadas en uno de los mayores ejemplos del espeluznante terror nazi.

Afortunadamente, no se ha olvidado (aunque a muchos les gustaría) aquella hecatombe para la especie humana, y la cultura no podía faltar en este aniversario. Se publican libros, se estrena alguna película y no faltan diversos actos conmemoratvos.

Pero antes de nada, conviene recordar el más aterrador testimonio escrito que sobre aquellos infiernos peores que el de Dante se haya escrito jamás, «El libro negro», escrito por los entonces periodistas, corresponsales en el Ejército Rojo, Vasili Grossman e Iliá Ezherenburg, que luego, paradójicamente, acabarían de manera muy distinta: Grossman se convirtió en un escritor repudiado por Stalin y Eherenburg fue el poeta oficial de la Unión Soviética.

Les dejamos con unos apuntes sobre este estremecedor relato, «El libro negro».

Pero ahora, la actualidad. Hablemos por ejemplo de un libro llamado «Un niño afortunado», autobiografía de Thomas Buergenthal (reeditado ahora por Plataforma Editorial), en el que Buergenthal, un niño judío que sobrevivió a Auschwitz, recuerda aquel horror y el resto de su vida (jamás se borró del brazo su número de seriede prisionero, B-2930) hasta llegar a convertirse en Juez de la Corte Internacional de Justicia (el antiguo Tribunal de La Haya), donde se juzga, precisamente a quienes atentan contra los Drechos humanos.

También este fin de semana se estrena el la película «La conspiración del silencio»,un thriller sobre la investigación y condena de las atrocidades cometidas por soldados de las SS en Auschwitz.

Por su parte el Centro Sefarad-Israel promueve una serie de interesantes actos para conmemorar la efeméride. En primer lugar con la comparecencia y testimonio de Jorge Klainman, que sobrevivió al exterminio nazi porque creyeron que había sido fusilado, que ha tenido lugar el 26 de enero a las 19.00. h. en el Palacio de Cañete (Mayor, 69), con entrada libre. Siete veces estuvo al borde de la muerte.

También en el Centro Sefarad se ha inaugurado la exposición «Jugándose la vida: polacos que socorrieron a judíos durante el Holocausto», en Mayor 69. La muestra está producida por el Instituto Polaco de Cultura, y presenta -según Casa Sefarad- «los rostros, las historias y las motivaciones de aquéllos que socorrieron a los judíos en el contexto histórico de la Polonia ocupada, con el detalle de sus circunstancias y la medida de su ayuda». En dicha inauguración intervendrá Janina Rektajtis, superviviente de los campos: Janina y su madre permanecieron en el campo femenino de Birkenau y el 17 de enero de 1945 fueron evacuadas a Berlín Renickendorf, uno de los campos subalternos de Sachsenhausen, de donde fueron liberadas por el Ejército Rojo a finales de abril de 1945.

Finalmente, el 28 de enero, Día Oficial de la Memoria del Holocausto, se desarrollará en el Círculo de Bellas Artes (19.30 h.; entrada libre) el concierto «Una storia di mare e di sangue». Está organizado por la Organización de Naciones Unidas, el Centro Sefarad-Israel, el Instituto Italiano di Cultura, el Instituto Polaco, el Goethe-Institut, las embajadas de Francia e Israel y el Círculo de Bellas Artes.

También se publica «Ruta Tannenbaum», de Miljenco Jergovic (Ed. Siruela), que cuenta la historia de Deutsch niña prodigio judía de Zagreb que llegó a ser una gran estrella del Gran Teatro Croata y que fue deportada a Auschwitz con tan solo 16 años.

Aunque no es Auschwitz, Mauthausen fue otro de los dantescos campos de exterminio nazis, y además allí fue donde acabaron muchos de nuestros compatriotas, como el exministro y escritor Jorge Semprún. Un libro extremadamente documentado y riguroso los recuerda ahora, «Los últimos españoles de Mauthausen», del periodista Carlos Hernández (Ed.B) que, según la propia editorial, «además de recopilar más de 100 testimonios de deportados españoles, 18 de ellos entrevistados directamente, reúne documentación existente y aporta nueva, sobre las decisiones políticas que llevaron a que más de 9.000 españoles estuvieran presos en campos de concentración nazis y más de 5.000 perdieran la vida en ellos».