Por Ramón Rey Rubio
Cuando Einstein publicó en 1915 su Teoría General de la Relatividad, no sólo nos proporcionó una gran herramienta para comprender nuestro Universo, sino que abrió todo un abanico de posibilidades y nuevas investigaciones.
Su teoría, como cualquier teoría científica, tenía diferentes supuestos que se podían poner a prueba, predicciones que de comprobarse supondrían un respaldo a su aceptación y de demostrarse incorrectos tendrían como consecuencia el desecharla total o parcialmente.