La insistencia de la Guardia Civil y los avances tecnológicos en materia de análisis genéticos fueron la clave para dar con la identidad del presunto asesino de la joven Eva Blanco 18 años después de su muerte. Atrás quedan más de cien líneas de investigación, retratos robots y unas pesquisas que inicialmente se centraron sobre todo en el círculo más cercano de la víctima, es decir, amigos familiares y conocidos. Pero todos estos intentos fueron infructuosos para el Grupo de Homicidios del Instituto Armado, que pese a todo nunca se olvidó del caso.